lunes, agosto 20, 2007



The Darkness. (Primera reseña de un videojuego).









Saludos de nuevo. Tratando de dedicarle más atención al blog y no consiguiéndolo ha pasado el tiempo. Un nuev miembro ha llegado a mi familia gracias a la generosidad de mi novia que, no sabiendo bien lo que hizo, me regaló una flamante Playstation3. La bestia en cuestión ha sido bautizada (yo siempe le pongo nombre a todo, mi mano derecha, por ejemlo, se llama Leopold) como Gilgamesh. Como maravilloso portal para disfrutar de historias tanto como cualquier otro medio, estos días atrás he descubierto un joya de juego, The Darkness. Este no es un blog de sobre videojuegos y no voy a volcarme en las excelencias jugables, solo me detendré en sus delicias atrtísticas.


Tampoco quiero hacer este post muy largo, sobre todo porque estoy trabajando, así que deciros que este juego tiene una recreación del infierno de lo más turbadora, aterradora y triste que he visto. Es una trinchera de la Primera Guerra Mundial (o segunda, no queda muy claro) en la que soldados británicos y alemanes siguen enfrentándose por toda la eternidad en un mundo bajo un cielo perpetuamente enrojecido por el fuego y la guerra. El humo, las explosiones, las muertes, más que asustar, dan una sensación de desolación y tristeza perpetua. El terror de este infierno viene de la mano de los soldados, deformes los alemanes, con caras cadavéricasy demoníacas, y con los rostros cosidos con terribles vespuntes los ingleses.


En este terrible lugar los Ccuatro Ginetes del apocalípsis campan a su antojo. Es impactante ver a Peste atado en una colina, como prisionero de su propio poder, sin que nadie pueda acercarse a él/ella porque todo a su alrededor está infectado de su presencia. Aterrador es contemplar el caballo de Hambre, famélico y deforme, comiendo quién sabe qué de un plato mugriento. Pero lo que más me inspiró, asustó y emocionó fue la representación de Guerra. Los cradores han utilizado la imagen del cañón alemnán, Garn Berta, que era de dimensiones ciclópeas y la han quintuplicado en tamaño además de darle un aspecto más vivo, como una imagen demoníaca y apocalíptica cuyos cañonazos hacen temblar todo el mundo.


En fin, estas son algunas de las maravillas que me han cautivado de este juego, cuya dirección artística y argumental merecen una exposición en cualquier galería.




Un saludo y felices pesadillas.

martes, abril 24, 2007

Despojos.


Mil perdones. Eso es lo único que se me ocurre. Perdón a todos aquellos que perdíais el tiempo en leer las locuras que se me ocurrían y perdón a mi pequeño blog, esa criatura horrenda y hermosa al mismo tiempo que tantas satisfacciones me ha dado. He vuelto. No sé cuanta gente queda por ahí, ya me iré pasando por los blogs amigos, pues prometo que haré un supremo esfuerzo para no abandonar toda esta empresa. Es que eso de no tener internet en casa acaba pasando factura. Bueno, os dejo con la última infamía que he escrito esta misma tarde.


Es el dolor de sentir que uno mismo no es más que un humano a medias. Persona solo en parte.
Es el dolor que siempre ha guiado, guía y guiará mis pasos.
Los huecos que me faltan los cubren sombras, dudas, complejos, límites. Puentes rotos que solo comunican con mis rincones desechos por el hambre de ser.
Cuando la humanidad no te da cobijo. No la humanidad como ente, sino como cualidad. Cuando la fe es un bálsamo que se evapora y el amor un garfio que te ata a otra medianía.
Los pasos desaparecen tras de ti y delante solo hay asfalto, una esquina, un recodo, puertas pintadas en colores tristes.
La medicina no tiene solución para eso. Ni la religión. Ni la maldad. Solo hay hambre de ser un poco más persona, de subirse al tren en lugar de correr junto a él tratando de ver que es lo que ocurre dentro a través de cristales humedecidos por vaho de vidas calientes, de corazones enfermos pero latientes.
La carne es más rosada al otro lado. Las voces suenan a oxígeno, a entrañas tibias. Todo lo que tu tienes es frío, hambre, carne pálida, corazón negro y pequeño.
Cuando no consigues ser persona te quedas a medias en una duermevela febril que te va consumiendo. Tu cuerpo fracasa, como tu mente, tus creencias se pudren en un proceso irremediable que no culmina hasta que no paras de observar a los demás.
En ese momento lo envidias todo. La más leve brinza de vegetación que recibe la luz solar, el más complejo de los sistemas nerviosos que es capaz de extender todas sus terminaciones hasta límites más allá de lo extra corporal, cuando un olor despierta el hambre cuando la yema de otros dedos tocan un cuerpo extraño. A tu alrededor, todo ceniza. Nada es real, todo se vuelve del color de la desesperanza, el ceniciento color de la hecatombe vital. Caminas por el mundo sumido en tus infiernos y tu cuerpo, cada vez más marchito no es más que un animal indeseable y rastrero que amenaza con dejarte tirado a la más mínima oportunidad de tumbarse el en suelo.
Lo envidias todo y quieres ser como ellos. Quieres llevar lo que ellos llevan dentro, perseguir el vellocino de oro de la normalidad, de la vida tranquila y segura, de los sueños sin monstruos, del sexo dulce y dulzón.
Empiezas, casi sin darte cuenta, como una alimaña a rebuscar en sus restos. Rebuscas en la basura de peluquerías buscando cabellos. Como una sombra a hurtadillas entras en los hospitales buscando restos, un bazo, un riñón enfermo, un miembro amputado. Recolectas estos tesoros como si fueran los ingredientes para una receta mágica que te haga se más humano y lo devoras todo con ansia, ignorando las nauseas primerizas. A veces para encontrase hay que perderse, quizá la forma de ser humano es volver atrás, al principio, convertirse en un monstruo informe y de ahí buscar la forma humana perfecta. Pero pronto ves que los despojos no son suficientes. Es como querer construirse una casa con dibujos de paredes, techo y tejas.
Así que de ahí al asesinato no hay más que un paso.
Ese es el mayor fracaso. Es como tomar un bello cuadro y desgarrarlo para ver como lo ha hecho el autor. Lo que finalmente te queda entre las manos es una amalgama triste e inútil. Has destruido una obra hermosa y al final de las tripas, las sangre, la piel hecha jirones, no hay absolutamente nada. Has andado el camino para convertirte en monstruo pero es un viaje sin retorno. Algunos prefieren ser monstruos que fantasmas que se van consumiendo lentamente. A mi me da igual. Yo solo quería ser una humano normal, pero no hay cura para la falta de humanidad.

lunes, noviembre 27, 2006

Vermilion Part 1 & 2

Por fin he aprendido, bueno, con la ayuda de maese Chicogris y Maese Vikutoru, a colgar vídeos. Le debo un cómic Chicogris y a Viku mi cosas más. En fin, como no podía ser de otra forma los primeros vídeos que quería compartir con vosotros son los de las dos partes de la canción de Slpiknot Vermilion. Son escalofriantes, trágicos, horriblemente hermosos, y dulces y aterradores, como las canciones. Como ahora estoy gorroneando el ordena de Viku, ya os pondré la letra en otro momento, por ahora disfrutad de la fuerza de la música y de las imágenes. Las entradas fallidas que veis son mis patéticos intentos de colgar los vídeos por mi cuenta. Cuando a mister Blogger le salga de las orejas dejarme borrarlas, las borraré.

Vermillion Part 1.



Vermillion Part 2.





Estos son los muchachos.
Felices pesadillas.

viernes, noviembre 24, 2006

AAAAAAAHHHHHHGGGGGGGG!!!!!!!!!



Un post muy breve, solo para deciros que acabo de encontrar un blog escrito por mi adorado Neil Gaiman. Casi me da un patatús. Para los que son nuevos en mi blog, diré que es uno de mis escritores preferidos. Es extraño, oscuro, fsacinante, delirante, original y un montón más de adjetivos que no se me ocurren. En mis Enlaces enontraréis el del blog de Gaiman, solo que tiene un pequeño inconveniente, está en inglés.
Felices oscuros sueños.

martes, noviembre 21, 2006

Recuerdos televisivos y monstruos.

Mi vida de pequeño se regía por dos reglas básicas. Mi Biblia eran las películas y sobre todo las series de televisión. Esa era una. La otra era que las noches eran terribles y sobrevivir a cada una de ellas era un suplicio. Ayer, viendo una de esas viejas series americanas de los ochenta, un montón de recuerdos me ha golpeado. Siempre me pasa lo mismo cuando veo esos inconfundibles filtros un tanto apagados o oigo las risas enlatadas. Recuerdo esas tardes de invierno, cuando en la calle ya estaba anocheciendo, pegado al radiador de mi casa, viendo esas viejas series o películas de los ochenta e imaginado que era uno de sus protagonistas, el que se enamoraba de la chica rubia o era perseguido por algún tipo de peligro. El mundo para mi siempre fue un tanto aburrido de pequeño, pues mi enorme imaginación creaba expectativas que la vida de un niño no puede cumplir. Ayer recordaba esas tardes, esperando a que mi padre viniera de trabajar, oyendo a mi madre, enfundada en una bata, preparando la cena en la helada cocina, fuera de la protección del único radiador que había en mi casa, al que yo me abrazaba mientras imaginaba que estaba en otro lugar, muy lejos de allí. Esos si son recuerdos agridulces. A veces los recuerdos se te clavan como cuchillas afiladas. Cuando me pongo delante de una de esas series o de una de las películas que devoraba de niño, como Dentro del laberinto, los Goonies, Los exploradores, viajo a aquella época. Y era una época triste, al menos así la recuerdo. Demasiado solo, un niño extraño que disimulaba muy bien sus tribulaciones internas y parecía medianamente normal. Pero mi mundo era mucho más oscuro de lo que dejaba ver a mis padres, familiares y amigos, que no eran muchos. Eso era cosa mía, nadie podía entenderlo. Un mundo enorme atrapado en un mundo real demasiado pequeño. Eso me asfixiaba.
Así que la melancolía vino a visitarme ayer por la tarde, mientras anochecía, roía las paredes de mi casa y se arrastraba por el suelo, con su inconfundible olor, olor a luz cálida, a lluvia, a noches de conversación apagada y triste en la barra de un bar junto algún amigo.
La melancolía sigue ahí. Los recuerdos no se van y casi puedo sentir el sabor de aquellos días, el frío de las noches bajo las mantas, con miedo a sacar la cabeza. El viejo miedo a las noches que siempre me acompañó desde que tengo memoria.
Creo que he dicho alguna vez que mis padres, como eran muy jóvenes y novatos, me permitían algunas cosas que otros niños no podían hacer. Por ejemplo, nunca me prohibieron ver nada en la televisión, ni me impusieron una hora para irme a la cama. Así que tuve acceso a muchas películas de terror, que hicieron de las noches de mi infancia un infierno. El resplandor, El misterio de Salem Slot, Las colinas tienen ojos, Un hombre lobo americano en Londres, Pesadilla en Elms Street y un largo etcétera de terribles imágenes que alimentaban mi imaginación y permitían que esta se explayara cada noche y creara un infierno particular para mi que no compartía con nadie. Recuerdo horas y horas en vela, bajo la manta, leyendo algún cómic con la luz de mi reloj casio o reproduciendo en mi mente alguna de mis películas favoritas, sobre todo los Goonies y El Señor de los anillos (la versión animada de Ralph Bakshi). Era un curioso don que tenía, podía reproducirlas enteras, plano a plano, frase a frase. Así noche tras noche, hasta que el sueño me vencía y la salvadora mañana llegaba para rescatarme.
Es curioso que con el tiempo todas esas pesadillas formaran parte primordial de mi vida y llegara a tolerarlas y más tarde a amarlas, alimentándolas con cientos de películas de terror y creando las mías propias en relatos y demás escritos.
Es curioso.
Como es curioso como te abandonas a veces a los recuerdos y desvarías durante un folio entero sobre tu infancia, con ese sabor dulzón que dejan en la boca los días que ya no volverán, y no sabes si echarlos de menos a alegrarte del tiempo pasado y de todo lo malo que quedó atrás.
Bueno. Mañana publicaré esto, hoy para vosotros, mis amados camaradas blogeros, y ahora me voy a ver la tele, bajo esta luz que tanto me recuerda a aquella que iluminaba mis tardes de niño, con el mismo frío fuera en la calle, con mis viejos monstruos y fantasmas esperándome en la habitación, a pesar de María. Pero ya no me asustan, son viejos compañeros, y están cansados de no ser reales, por eso encuentran reconfortable mi imaginación y mi miedo, que les alimenta, les da un poco de calor.
Felices pesadillas.

Ilustraciones de Ciruelo y Yoshitaka Amano, respectívamente.

lunes, octubre 30, 2006

Este escrito es para ti, abierto a todo el mundo por que te lo debo. Es para ti por cada día, por cada día cuesta arriba que tiras de los dos y no te rindes cuando mis sombras, mis pequeñas y adoradas sombras, me agarran y me roban las fuerzas y yo me sentaría en el camino abandonándome, hasta que la oscuridad me comiera, como me ha comido tantas veces. Es para ti por que siento a veces que no te demuestro lo importante, lo vital que eres, y aunque es solo una gota, una muesca de color con la que intento alumbrar un lienzo que regalarte y debo pintar cada hora, es también un principio. Por que hemos abordado muchos finales y hemos sabido sortearlos, rodearlos, abrir camino donde parecía que ya no lo había, por ti, pues tú eres mi hacedora de caminos, la que orada en mi viscosa negrura y saca lo bueno que hay en mi y que me empeño en olvidar cada día. Yo esculpo tu cuerpo con manos torpes cada día, en un gesto primario, demasiado animal, demasiado humano, pero tú esculpes mi interior, limas las impurezas, y aunque es una obra que muy posiblemente no podrás acabar nunca, y lo sabes, una vez más no te rindes.
Es para ti, pero solo son palabras y se me escapan en alguna parte entre mi cerebro, mi alma y mis manos y se desparraman en el teclado y ya no se ordenarlas y que te demuestran tantas y tantas cosas. Pero tu conoces mi interior, y sabes de donde salen y ya las has leído mil veces. Pero intento sacarlas, soltarlas al mundo.
Es para ti por cada noche, ya sabes que noches, esas terribles que te conviertes en cerradura de mi terrores, carcelera de mis más profundos miedos y guardiana de mis pesadillas. Como un faro suave y caliente, y me basta con alargar la mano y ahí está y tu tacto me devuelve al mundo cuando más lo necesito. Y es para ti por esas palabras que inventas y cazas en la noche, como peces brillantes, esas palabras con las que me tiendes puentes hacia ti, o redes, como decía el poeta, y me sacas del fango.
Es para ti por tantas cosas. Quería enumerarlas todas y ahora me faltan las ideas. En fin, creo que sabes por todo lo que este texto es para ti, aunque sea simple y no sea lo mejor que escrito sabes lo que quiero decir con él, porque es para ti, solo para ti.

El maldito blog no me deja poner ímágenes ni cambiar el tamaño o color de las letras. Así que imaginaros este post con el cuadro de Dalí, muchacha en la ventana, que es el favorito de María.

jueves, octubre 19, 2006

Misterios de la carne.




Os obsequio con una imagen de Charlie Burns, un autor de cómics de lo más interesante y máximo exponente de la nueva carne en el mundo del cómic. Pertenece a una obra llamada Los misterios de la carne. Son historias de una sola página. Esta en particular me fascina, me siento terriblemente identificado con ella. Todas las deformaciones psíquicas y emocionales que impiden dejar que la cosas sean más fáciles, que impiden demostrar a las personas cuanto nos importan, que nos van encerrando en nuestro oscuro mundo hasta que solo estamos rodeados de nuestros propios monstruos, nacidos de nuestro interior, de nuestra conciencia, de nuestra mente retorcida. Supongo que hay gente que no está capacitada para encontrar los caminos rectos, gente condenada a vagar por la oscuridad. Y suele ser un camino solitario.
En fin, un autor tremendamente recomendable, pero sobre todo su obra cumbre, recién editada en un solo tomo y que tengo que dejarle pero ya al Chicogris, Agujero Negro.

Como no se entiende en la imagen os lo explico. La chica le pide explicaciones a su novio de por qué ya no le llma, ni queda con ella, ni da señales de vida. Él la evita con excusas baratas. Cuando el plano se agranda, se ve que él tiene una boca en el estómago que le dice: ¿Por qué le mientes? Tarde o temprano tendrás que contarle lo nuestro.

Felices pesadillas.