

Esto es solo un camino en el aire. Un camino en la nada. Es un mundo blando que se deshace y dispersa a cada paso que das. Es el país de lo deforme, de lo onírico y de lo triste. Es la región entre las sombras.


Es el dolor de sentir que uno mismo no es más que un humano a medias. Persona solo en parte.

Mi vida de pequeño se regía por dos reglas básicas. Mi Biblia eran las películas y sobre todo las series de televisión. Esa era una. La otra era que las noches eran terribles y sobrevivir a cada una de ellas era un suplicio. Ayer, viendo una de esas viejas series americanas de los ochenta, un montón de recuerdos me ha golpeado. Siempre me pasa lo mismo cuando veo esos inconfundibles filtros un tanto apagados o oigo las risas enlatadas. Recuerdo esas tardes de invierno, cuando en la calle ya estaba anocheciendo, pegado al radiador de mi casa, viendo esas viejas series o películas de los ochenta e imaginado que era uno de sus protagonistas, el que se enamoraba de la chica rubia o era perseguido por algún tipo de peligro. El mundo para mi siempre fue un tanto aburrido de pequeño, pues mi enorme imaginación creaba expectativas que la vida de un niño no puede cumplir. Ayer recordaba esas tardes, esperando a que mi padre viniera de trabajar, oyendo a mi madre, enfundada en una bata, preparando la cena en la helada cocina, fuera de la protección del único radiador que había en mi casa, al que yo me abrazaba mientras imaginaba que estaba en otro lugar, muy lejos de allí. Esos si son recuerdos agridulces. A veces los recuerdos se te clavan como cuchillas afiladas. Cuando me pongo delante de una de esas series o de una de las películas que devoraba de niño, como Dentro del laberinto, los Goonies, Los exploradores, viajo a aquella época. Y era una época triste, al menos así la recuerdo. Demasiado solo, un niño extraño que disimulaba muy bien sus tribulaciones internas y parecía medianamente normal. Pero mi mundo era mucho más oscuro de lo que dejaba ver a mis padres, familiares y amigos, que no eran muchos. Eso era cosa mía, nadie podía entenderlo. Un mundo enorme atrapado en un mundo real demasiado pequeño. Eso me asfixiaba.
Ilustraciones de Ciruelo y Yoshitaka Amano, respectívamente.

Os obsequio con una imagen de Charlie Burns, un autor de cómics de lo más interesante y máximo exponente de la nueva carne en el mundo del cómic. Pertenece a una obra llamada Los misterios de la carne. Son historias de una sola página. Esta en particular me fascina, me siento terriblemente identificado con ella. Todas las deformaciones psíquicas y emocionales que impiden dejar que la cosas sean más fáciles, que impiden demostrar a las personas cuanto nos importan, que nos van encerrando en nuestro oscuro mundo hasta que solo estamos rodeados de nuestros propios monstruos, nacidos de nuestro interior, de nuestra conciencia, de nuestra mente retorcida. Supongo que hay gente que no está capacitada para encontrar los caminos rectos, gente condenada a vagar por la oscuridad. Y suele ser un camino solitario.
En fin, un autor tremendamente recomendable, pero sobre todo su obra cumbre, recién editada en un solo tomo y que tengo que dejarle pero ya al Chicogris, Agujero Negro.
Como no se entiende en la imagen os lo explico. La chica le pide explicaciones a su novio de por qué ya no le llma, ni queda con ella, ni da señales de vida. Él la evita con excusas baratas. Cuando el plano se agranda, se ve que él tiene una boca en el estómago que le dice: ¿Por qué le mientes? Tarde o temprano tendrás que contarle lo nuestro.
Felices pesadillas.