jueves, agosto 31, 2006

El retorno.


Hola, hola, hermanitos.
Ya he vuelto y cuando he visto la cantidad de entradas he decidido que era más fácil dar las gracias desde aquí a todo el mundo que ir comentario por comentario. Así que gracias, una vez más, es maravilloso que lo que escribo le guste a alguien.
Respondiendo a Liliana, he de decir que estaba de vacaiones y respondiendo a ese anónimo, sí, es cierto, ya he vuelto. Bueno, la verdad es que volví de Francia la semana pasada, pero he tenido unos días cuanto menos, raros.
Por partes.
El viaje genial. M he pasado dos semanas recorriendo la Galia y he de recocnocer que el país me ha encantado, ciudades increíbles, buena comida, gente agradable (y mujeres muy guapas, je). LLegamos hasta Brujas y para los que no habéis estado, daros un tirón de orejas, debe haber muy pocas ciudades tan hermosas, y para un enamorado de la buena cerveza como yo, Bélgica es un paraiso.
La parte mala.
La verdad es que no sabía si iba a mencionar esto en el blog, pero bueno, a final decidí comentarlo brevemente. Tuve que volverme tres días antes porque mi abuelo murió cuando María y yo estábamos en París.
Pasé todos los fines de semana y veranos de mi infancia con él y con mi abuela. Era una figura que me ha acompañado toda mi vida y pensar que ha desaparecido es un poco raro, como si tuviera la sensación de que es algo temporal, que dentro de una semana o dos volverá.
Echando la vista atrás, tiene gracia el tema de mi último relato, supongo que mi subconsciente se olía algo y quiso rendirle un homenaje.
Una parte crucial de mi infancia ha muerto definitivamente, no quería, pero al final la he tenido que dejar marhar y no me va a quedar más remedio (ya era hora, supongo) que aceptar que soy un hombre adulto, joven, pero adulto. (¡Qué horror!) Cuando voy a ver a mi abuela y veo el barrio en el que tantas veces jugué, medio derruido y casi abandonado, esperando la sentencia de muerte que lo convierta en un modernísimo complejo de apartamentos de lujo, es cuando más cuenta me doy que el tiempo pasa. La casa de mi viejo amigo de infancia, Salva, en la que él y su abuela vivían, vacía, las ventanas y las puertas tapiadas, entonces comprendo que la marcha nunca se detiene, por más que nos joda.
Pero bueno, no quiero depresiones. La vida sigue y mañana veré por fin con mi tío la película que llevamos dos años esperando, ALATRISTE. Así que me despido por el momento encantado de volver a estar entre gente tan excelente. Una gran abrazo a todas y todos, todos y todas.

Por cierto, para los que me conocen personalmente. El más mínimo chiste sobre el señor Mortensen y yo y los ensarto, a fe que le haré, voto a tal.