jueves, septiembre 14, 2006

Quiero ponerme un traje de carne.



Aquí estoy, aunque tengo que pedir disculpas. Soy un vago y no he terminado ninguno de los relatos en los que estoy trabajando, así que he tomado el camino fácil, que es publicar uno que ya tenía escrito.
He elegido este, que ya tiene cinco años y fue publicado en La botella vacía, porque en muchos aspectos es el primero.
Fue el primer relato mío que leyó María. Tiempo después me dijo que empecé a gustarle de veras cuando lo leyó, lo cual no dice mucho en favor de su estado mental, je, je.
También fue el primero que publiqué en la botella.
Pero sobre todom, es mi pirmer relato en el que hace apoareición la Nueva Carne. LO bueno es que aun no conocía el movimiento como tal, aunque sí a algunos artistas como Clive Barker o H. R. Giger. Me gusta pensar que la Nueva Carne me encontró a mi y no yo a ella.
Bueno, cuando lo leáis, pensad que fue una de las peores épocas de mi vida. Estaba aburrido, estancado, asqueado y un montón de cosas negativas más acabadas en do.
A pesar de escritos como este, sigo siendo un tipo simpático.
Os dejo con el relato y os informo de que la ilustración es de Clive Barker. Un saludo.



No sé exactamente que es lo que no funciona bien dentro de mi. Pero sí se que hay algo que no marcha bien, eso seguro. Lo puedo sentir cada día, cada momento, creciendo dentro de mi, agarrándose a mis entrañas y retorciendo mi alma. No puedo explicarlo, no es una sensación, no es un pensamiento ni un sentimiento, es como un cúmulo de todas esas cosas mezcladas y trituradas por una batidora que funciona al revés, o a más revoluciones de las debidas, una batidora que no aguanta su propio ritmo y que empieza a derretirse lentamente, a temblar, y el líquido perverso y corrompido que con tanto ahínco se afanaba en preparar empieza salírsele por los bordes.
Hoy es domingo. Tampoco he pegado ojo en toda la noche. He intentado todo para no pensar, para no sentir, para convertirme en un zombi inmune a este estado, leer, ver alguna película, hacer ejercicio, pero nada consigue levantar mi aplastamiento. Incluso intenté meneármela pensando en esa cajera que tanto me pone, pues mi novia hace mucho que dejó de presentarse en mis fantasías sexuales. Pero cuando estábamos en el almacén del supermercado y yo empezaba levantarle la falda de su repentinamente sexy uniforme de trabajo, mi pútrida imaginación me ha jugado una mala pasada y de entre sus prietas y anheladas piernas han comenzado a salir miles de cucarachas que, usando mis brazos como puentes, han logrado llegar hasta mi cabeza, introduciéndose por todos los agujeros que encontraban y por algunos nuevos que ellas abrían. He cesado en mi empeño manual y he cerrado los ojos con tanta fuerza que pensaba que me iban a estallar, hasta que la cajera, su maldito coño y las cucarachas han desaparecido de mi mente. Pero la horrible y palpable sensación sigue ahí, no se va. Bueno, como ya he dicho, no sé sí es sensación, si sentimiento, si...es que no sé como definirlo, es como si lo vieras todo gris, viejo, como si una capa de cenizas cubriera la tierra, a la gente, pero nadie salvo yo se diera cuenta. Todo me sabe rancio, desde la comida hasta el sexo, todo me huele mal, muy mal, algo está podrido, no sé si yo o el mundo. No consigo imaginar nada agradable y todos los que conozco están transformados, son unos monstruos que se ponen los trajes de sangre y carne de aquellos que en otro tiempo fueron mis amigos, mi familia, mi novia.
¿Y saben lo qué es peor?, ¿lo saben?, que todavía me agarro a la poca cordura que debe quedarme y sé que muy probablemente todo eso no este más que en mi mente, pero el problema es que no solo pienso o creo que el mundo es así, también lo noto, todas las sensaciones que llegan hasta mi son terribles, como si una inmensa bomba de maldad, horror, miedo, locura y crueldad hubiese explotado en el mundo y los efectos de la honda expansiva reinasen todavía.

Hay algo que empieza joderme seriamente. Me repatea por dentro ver como la gente camina mezquinamente por toda esa mierda. Estoy seguro de que la ven, de que la huelen y hace que les pique la carne, como a mi, pero fingen que no les afecta, y caminan entre ella con sonrisas arrancadas a golpes, y se bañan en esa corrupción, incluso algunos joden con ella. Unos por simple falsedad, otros por que ya se han transformado en monstruos con trajes de personas, como les ha ocurrido a casi todos los que conozco, monstruos que se alimentan de esos efluvios corruptos y malvados que emanan de la realidad. Eso me supera. Pero la verdad, aunque me cueste reconocerla, es que odio tanto la mezquindad y la monstruosa transformación del ser humano por pura envidia, envidia de no poder esconderme yo también bajo un manto de materia grasa en forma de mentiras y falsas apariencias, envidia por no conseguir
transformarme en un feliz monstruo que vista con orgullo su traje de última moda de
Yo mismo. Envidia, ese es el motivo de mi odio, no tengo fuerzas para arreglar el mundo, ya es demasiado tarde para eso, solo quiero que al menos se me permita cerrar los ojos como a los demás, quiero que al renacuajo le salgan patas con las que andar por la mugre, convertirme en una viscosa y hermosa rana con una larga lengua con la que saborear este delicioso mundo.
Pero no me convierto en rana, más bien me siento como la mosca, y cada día que pasa siento como las cada vez más numerosas ranas me miran con sus ojos saltones color rojo y se relamen; lo veo en mi madre cuando me mira, en mi novia cuando finge que viene a verme por que se preocupa por mi, en mis hermanos pequeños, ranitas que acaban de completar su transformación. Por eso ya no salgo a la calle, ahí fuera hay demasiados monstruos rana preparando sus afiladas lenguas para cazarme
Pero he decidido defenderme, solo en este ordenador en el que ahora escribo y en mi mismo puedo confiar, no dejaré que ningún monstruo mosca me atrape, no lo permitiré.
Oigo voces desde la cocina. Es el bicho que lleva el traje de mi madre. Supongo que me está llamando, no hay nadie más en casa, pero ya ni siquiera la entiendo, su idioma ya no es humano, nada más que una serie de sonidos guturales. La oigo acercarse. La puerta no puede atrancarse, pero no me cogerá desprevenido.

El monstruo no esperaba que yo le saltase encima con mi abrecartas recuerdo de Toledo, una pequeña espada. Le he puesto la hoja en la garganta y al principio no ha reaccionado, pero luego ha empezado a agitarse compulsivamente y a espetarme órdenes en es asqueroso idioma suyo. Yo le he gritado que no iba a dejarle devorarme y al parecer me ha entendido, porque se ha puesto suplicarme y a llorar. Me ha dado tanto asco y pena que solo he visto una salida. Para mi sorpresa su sangre es roja y está caliente, aunque puede que esa sangre sea del traje de humano que llevaba. ¡Pero he descubierto algo maravilloso! He podido ver en el monstruo que yace muerto en el suelo el rostro de mi madre. Entonces lo he comprendido, la única forma de salvar la gente de esa horrible transformación es la muerte, la muerte es la única forma de devolverles la humanidad, tengo que devolverle a las personas la humanidad, tengo que hacerlo y voy a hacerlo, de lo contrario sería un monstruo tan horrible como esos que han corrompido al ser humano.
Están llamando al telefonillo. Seguro que es el monstruo con el traje de mi novia, también podré ayudarla a ella, podré ayudar a mucha gente. Voy a abrir.