martes, noviembre 21, 2006

Recuerdos televisivos y monstruos.

Mi vida de pequeño se regía por dos reglas básicas. Mi Biblia eran las películas y sobre todo las series de televisión. Esa era una. La otra era que las noches eran terribles y sobrevivir a cada una de ellas era un suplicio. Ayer, viendo una de esas viejas series americanas de los ochenta, un montón de recuerdos me ha golpeado. Siempre me pasa lo mismo cuando veo esos inconfundibles filtros un tanto apagados o oigo las risas enlatadas. Recuerdo esas tardes de invierno, cuando en la calle ya estaba anocheciendo, pegado al radiador de mi casa, viendo esas viejas series o películas de los ochenta e imaginado que era uno de sus protagonistas, el que se enamoraba de la chica rubia o era perseguido por algún tipo de peligro. El mundo para mi siempre fue un tanto aburrido de pequeño, pues mi enorme imaginación creaba expectativas que la vida de un niño no puede cumplir. Ayer recordaba esas tardes, esperando a que mi padre viniera de trabajar, oyendo a mi madre, enfundada en una bata, preparando la cena en la helada cocina, fuera de la protección del único radiador que había en mi casa, al que yo me abrazaba mientras imaginaba que estaba en otro lugar, muy lejos de allí. Esos si son recuerdos agridulces. A veces los recuerdos se te clavan como cuchillas afiladas. Cuando me pongo delante de una de esas series o de una de las películas que devoraba de niño, como Dentro del laberinto, los Goonies, Los exploradores, viajo a aquella época. Y era una época triste, al menos así la recuerdo. Demasiado solo, un niño extraño que disimulaba muy bien sus tribulaciones internas y parecía medianamente normal. Pero mi mundo era mucho más oscuro de lo que dejaba ver a mis padres, familiares y amigos, que no eran muchos. Eso era cosa mía, nadie podía entenderlo. Un mundo enorme atrapado en un mundo real demasiado pequeño. Eso me asfixiaba.
Así que la melancolía vino a visitarme ayer por la tarde, mientras anochecía, roía las paredes de mi casa y se arrastraba por el suelo, con su inconfundible olor, olor a luz cálida, a lluvia, a noches de conversación apagada y triste en la barra de un bar junto algún amigo.
La melancolía sigue ahí. Los recuerdos no se van y casi puedo sentir el sabor de aquellos días, el frío de las noches bajo las mantas, con miedo a sacar la cabeza. El viejo miedo a las noches que siempre me acompañó desde que tengo memoria.
Creo que he dicho alguna vez que mis padres, como eran muy jóvenes y novatos, me permitían algunas cosas que otros niños no podían hacer. Por ejemplo, nunca me prohibieron ver nada en la televisión, ni me impusieron una hora para irme a la cama. Así que tuve acceso a muchas películas de terror, que hicieron de las noches de mi infancia un infierno. El resplandor, El misterio de Salem Slot, Las colinas tienen ojos, Un hombre lobo americano en Londres, Pesadilla en Elms Street y un largo etcétera de terribles imágenes que alimentaban mi imaginación y permitían que esta se explayara cada noche y creara un infierno particular para mi que no compartía con nadie. Recuerdo horas y horas en vela, bajo la manta, leyendo algún cómic con la luz de mi reloj casio o reproduciendo en mi mente alguna de mis películas favoritas, sobre todo los Goonies y El Señor de los anillos (la versión animada de Ralph Bakshi). Era un curioso don que tenía, podía reproducirlas enteras, plano a plano, frase a frase. Así noche tras noche, hasta que el sueño me vencía y la salvadora mañana llegaba para rescatarme.
Es curioso que con el tiempo todas esas pesadillas formaran parte primordial de mi vida y llegara a tolerarlas y más tarde a amarlas, alimentándolas con cientos de películas de terror y creando las mías propias en relatos y demás escritos.
Es curioso.
Como es curioso como te abandonas a veces a los recuerdos y desvarías durante un folio entero sobre tu infancia, con ese sabor dulzón que dejan en la boca los días que ya no volverán, y no sabes si echarlos de menos a alegrarte del tiempo pasado y de todo lo malo que quedó atrás.
Bueno. Mañana publicaré esto, hoy para vosotros, mis amados camaradas blogeros, y ahora me voy a ver la tele, bajo esta luz que tanto me recuerda a aquella que iluminaba mis tardes de niño, con el mismo frío fuera en la calle, con mis viejos monstruos y fantasmas esperándome en la habitación, a pesar de María. Pero ya no me asustan, son viejos compañeros, y están cansados de no ser reales, por eso encuentran reconfortable mi imaginación y mi miedo, que les alimenta, les da un poco de calor.
Felices pesadillas.

Ilustraciones de Ciruelo y Yoshitaka Amano, respectívamente.

15 Comments:

Anonymous Eriwen said...

Pedro eres maravilloso. Gracias

4:08 p. m.  
Blogger canichu said...

te leo pero creo que se te olvido citar otros de los pialres de tus años más jóvenes, las chicas.

4:34 p. m.  
Anonymous Javi said...

Seguro que no eres hermano mío?? Me he visto retratado en cada una de las palabras que has escrito, con la salvedad de que yo deseaba que nunca llegara mi padre de trabajar jajaja. Excelente. Un abrazo, Força Galata!

8:08 p. m.  
Blogger EL CHICO GRIS said...

tio, leyendo con el casio no se como cojones conservas la vista. Yo me agencie una linterna y leia bajo la manta hasta las tantas, que tiempos

8:51 p. m.  
Blogger Liliana said...

Bonito relato, sobre todo cuando dices que los fantasmas ya se han hecho compañeros y no asustan como antes. ¡Qué real eso!

6:45 p. m.  
Blogger Pedro Maza said...

Eriwen: yo no diría tanto, como mucho fabuloso, je, je, je. (Es brima)gracias a ti.

Canichu: yo hablaba de cuando era niño, hombre, siempre pensando en lo mismo.

Chico Gris: pues la verdad es que sí, que es un milagro. ¿Cómo demonios no se me ocurrió lo de la linterna?

Javi:Yo depende de la época. Habí auna en la que me traía muñecos de la Guerra de las Galaxias, que por supuesto todavía guardo,porque no son juguetes, son rélicas de colección, je, je. LUego ya solo traía mala leche. Viva el Galata, el equipo con el central más duro de la liga (y el más guapo, jajajajaja).

Liliana: Gracias. Sí, es mejor hacerse amigo de ellos, aceptarlos y que note torturen toda la vida.

11:28 a. m.  
Blogger canichu said...

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12:49 p. m.  
Blogger Pedro Maza said...

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12:58 p. m.  
Blogger Freyja said...

siempre me ha encantado como escribes, logres que se llegue al final siempre con mucho gusto y yo no te dejo felices pesadillas, te dejo un abrazo
gracias por tus saludos en Sucesos
no he visto la pelicula
The Pillowboook, de Peter Greenaway
yo comence a escribir sobre la piel y geografia como los 18 años, ya que son una parte tan importante en uno
me alegro mucho que Maria y tu Pedro, allan encontrado ese encanto en la pelicula
besitos amigo, siempre es un gusto leerte
un abrazo y que estes muy bien
besitos a los dos


besos y sueños

5:38 p. m.  
Blogger Freyja said...

Gracias Pedro
tus saludos en el Blog de Freyja se sientesn con mucho cariño
para mi esta WEB y este Blog de Freyja lograran un sueño que tengo amigo
mil besitos y cuidate
gracias amigo


besos y sueños

5:42 p. m.  
Blogger canichu said...

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9:30 p. m.  
Blogger Duna said...

Lindo relato, Pedro. Precisamente anoche me encontraba sola en casa y me dediqué a ojear los blogs que tiene enlazados canichu. Y me leí del tirón este post, y pensé en comentar, aunque al final no lo hice.
Hoy, precisamente, he recibido un comentario tuyo. Me parece tan curioso, que no puedo por menos que volver aquí y escribirte.
Algunas de las cosas que has narrado también las viví yo. Y me gusta cuando escribes lo de '..cómo te abandonas a veces a los recuerdos..'sabiendo que no volverán.

PD: Yo también me pasaré otros días por aquí.

9:40 p. m.  
Blogger iralow said...

...curioso, a mi me traen gratos recuerdos, y una cierta nostalgia por aquellas tardes con Jhon Hurt haciendo de Cuentacuentos...y si, todas las luces de la casa encendidas hasta que oía las llaves en la puerta y sabía que mi soledad llegaba a su fin...dulces pesadillas a vos

12:02 a. m.  
Blogger Vade retro said...

Mis padres también eran jóvenes y novatos y eran muy licenciosos conmigo.
Las series también llenaban mis noches, siempre soñé con ser una de los detectives de cualquiera de las series.
A veces creo que no me daba cuenta que lo mío eran las letras...ahora que lo recuerdo cada noche me metía bajo las sábanas con una linterna a leer los siete libros de cuentos (imagino que me conocía cada punto y cada coma)
Un beso.

9:59 a. m.  
Blogger Pedro Maza said...

NO tengo mucho tiempo, así que gracias a todos los que habéis comentado algo en este post, Freyja y los recién llegados, monologuista y vade retro

2:48 p. m.  

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