tag:blogger.com,1999:blog-237395282008-02-18T05:20:40.969+01:00Desde las sombrasPedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comBlogger54125tag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-86333941876166859852007-08-20T10:53:00.000+02:002007-08-20T11:22:46.410+02:00<div><br /></div><br /><div><span style="font-size:180%;color:#ff0000;">The Darkness. (Primera reseña de un videojuego).</span></div><br /><p></p><br /><p></p><br /><div><br /></div><br /><div></div><br /><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.winsupersite.com/images/showcase/xbox3601_darkness_33.jpg" border="0" /></p><br /><p><br /></p><br /><div>Saludos de nuevo. Tratando de dedicarle más atención al blog y no consiguiéndolo ha pasado el tiempo. Un nuev miembro ha llegado a mi familia gracias a la generosidad de mi novia que, no sabiendo bien lo que hizo, me regaló una flamante Playstation3. La bestia en cuestión ha sido bautizada (yo siempe le pongo nombre a todo, mi mano derecha, por ejemlo, se llama Leopold) como Gilgamesh. Como maravilloso portal para disfrutar de historias tanto como cualquier otro medio, estos días atrás he descubierto un joya de juego, The Darkness. Este no es un blog de sobre videojuegos y no voy a volcarme en las excelencias jugables, solo me detendré en sus delicias atrtísticas. </div><br /><br /><div>Tampoco quiero hacer este post muy largo, sobre todo porque estoy trabajando, así que deciros que este juego tiene una recreación del infierno de lo más turbadora, aterradora y triste que he visto. Es una trinchera de la Primera Guerra Mundial (o segunda, no queda muy claro) en la que soldados británicos y alemanes siguen enfrentándose por toda la eternidad en un mundo bajo un cielo perpetuamente enrojecido por el fuego y la guerra. El humo, las explosiones, las muertes, más que asustar, dan una sensación de desolación y tristeza perpetua. El terror de este infierno viene de la mano de los soldados, deformes los alemanes, con caras cadavéricasy demoníacas, y con los rostros cosidos con terribles vespuntes los ingleses. </div><br /><br /><div>En este terrible lugar los Ccuatro Ginetes del apocalípsis campan a su antojo. Es impactante ver a Peste atado en una colina, como prisionero de su propio poder, sin que nadie pueda acercarse a él/ella porque todo a su alrededor está infectado de su presencia. Aterrador es contemplar el caballo de Hambre, famélico y deforme, comiendo quién sabe qué de un plato mugriento. Pero lo que más me inspiró, asustó y emocionó fue la representación de Guerra. Los cradores han utilizado la imagen del cañón alemnán, Garn Berta, que era de dimensiones ciclópeas y la han quintuplicado en tamaño además de darle un aspecto más vivo, como una imagen demoníaca y apocalíptica cuyos cañonazos hacen temblar todo el mundo.</div><br /><br /><div>En fin, estas son algunas de las maravillas que me han cautivado de este juego, cuya dirección artística y argumental merecen una exposición en cualquier galería. </div><br /><br /><div></div><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://img.hexus.net/v2/internationalevents/gc_2006/darkness/darkness_large_1.jpg" border="0" /><br /><br /><div>Un saludo y felices pesadillas.</div>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-70051560399101569552007-04-24T19:24:00.000+02:002007-04-24T19:33:47.237+02:00<div><span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Despojos.</span></div><br /><div></div><br /><div><em>Mil perdones. Eso es lo único que se me ocurre. Perdón a todos aquellos que perdíais el tiempo en leer las locuras que se me ocurrían y perdón a mi pequeño blog, esa criatura horrenda y hermosa al mismo tiempo que tantas satisfacciones me ha dado. He vuelto. No sé cuanta gente queda por ahí, ya me iré pasando por los blogs amigos, pues prometo que haré un supremo esfuerzo para no abandonar toda esta empresa. Es que eso de no tener internet en casa acaba pasando factura. Bueno, os dejo con la última infamía que he escrito esta misma tarde.</em></div><br /><div><em></em></div><br /><div><a href="http://bp1.blogger.com/_ImSmM2MMQvU/Ri4_Uhv_yMI/AAAAAAAAAAM/XNrnR5q26zc/s1600-h/dho1.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5057049053473261762" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_ImSmM2MMQvU/Ri4_Uhv_yMI/AAAAAAAAAAM/XNrnR5q26zc/s320/dho1.jpg" border="0" /></a>Es el dolor de sentir que uno mismo no es más que un humano a medias. Persona solo en parte.<br />Es el dolor que siempre ha guiado, guía y guiará mis pasos.<br />Los huecos que me faltan los cubren sombras, dudas, complejos, límites. Puentes rotos que solo comunican con mis rincones desechos por el hambre de ser.<br />Cuando la humanidad no te da cobijo. No la humanidad como ente, sino como cualidad. Cuando la fe es un bálsamo que se evapora y el amor un garfio que te ata a otra medianía.<br />Los pasos desaparecen tras de ti y delante solo hay asfalto, una esquina, un recodo, puertas pintadas en colores tristes.<br />La medicina no tiene solución para eso. Ni la religión. Ni la maldad. Solo hay hambre de ser un poco más persona, de subirse al tren en lugar de correr junto a él tratando de ver que es lo que ocurre dentro a través de cristales humedecidos por vaho de vidas calientes, de corazones enfermos pero latientes.<br />La carne es más rosada al otro lado. Las voces suenan a oxígeno, a entrañas tibias. Todo lo que tu tienes es frío, hambre, carne pálida, corazón negro y pequeño.<br />Cuando no consigues ser persona te quedas a medias en una duermevela febril que te va consumiendo. Tu cuerpo fracasa, como tu mente, tus creencias se pudren en un proceso irremediable que no culmina hasta que no paras de observar a los demás.<br />En ese momento lo envidias todo. La más leve brinza de vegetación que recibe la luz solar, el más complejo de los sistemas nerviosos que es capaz de extender todas sus terminaciones hasta límites más allá de lo extra corporal, cuando un olor despierta el hambre cuando la yema de otros dedos tocan un cuerpo extraño. A tu alrededor, todo ceniza. Nada es real, todo se vuelve del color de la desesperanza, el ceniciento color de la hecatombe vital. Caminas por el mundo sumido en tus infiernos y tu cuerpo, cada vez más marchito no es más que un animal indeseable y rastrero que amenaza con dejarte tirado a la más mínima oportunidad de tumbarse el en suelo.<br />Lo envidias todo y quieres ser como ellos. Quieres llevar lo que ellos llevan dentro, perseguir el vellocino de oro de la normalidad, de la vida tranquila y segura, de los sueños sin monstruos, del sexo dulce y dulzón.<br />Empiezas, casi sin darte cuenta, como una alimaña a rebuscar en sus restos. Rebuscas en la basura de peluquerías buscando cabellos. Como una sombra a hurtadillas entras en los hospitales buscando restos, un bazo, un riñón enfermo, un miembro amputado. Recolectas estos tesoros como si fueran los ingredientes para una receta mágica que te haga se más humano y lo devoras todo con ansia, ignorando las nauseas primerizas. A veces para encontrase hay que perderse, quizá la forma de ser humano es volver atrás, al principio, convertirse en un monstruo informe y de ahí buscar la forma humana perfecta. Pero pronto ves que los despojos no son suficientes. Es como querer construirse una casa con dibujos de paredes, techo y tejas.<br />Así que de ahí al asesinato no hay más que un paso.<br />Ese es el mayor fracaso. Es como tomar un bello cuadro y desgarrarlo para ver como lo ha hecho el autor. Lo que finalmente te queda entre las manos es una amalgama triste e inútil. Has destruido una obra hermosa y al final de las tripas, las sangre, la piel hecha jirones, no hay absolutamente nada. Has andado el camino para convertirte en monstruo pero es un viaje sin retorno. Algunos prefieren ser monstruos que fantasmas que se van consumiendo lentamente. A mi me da igual. Yo solo quería ser una humano normal, pero no hay cura para la falta de humanidad. </div>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1164656609553239252006-11-27T20:43:00.000+01:002006-11-27T20:47:40.910+01:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Vermilion Part 1 & 2</span><br /><br />Por fin he aprendido, bueno, con la ayuda de maese Chicogris y Maese Vikutoru, a colgar vídeos. Le debo un cómic Chicogris y a Viku mi cosas más. En fin, como no podía ser de otra forma los primeros vídeos que quería compartir con vosotros son los de las dos partes de la canción de Slpiknot Vermilion. Son escalofriantes, trágicos, horriblemente hermosos, y dulces y aterradores, como las canciones. Como ahora estoy gorroneando el ordena de Viku, ya os pondré la letra en otro momento, por ahora disfrutad de la fuerza de la música y de las imágenes. Las entradas fallidas que veis son mis patéticos intentos de colgar los vídeos por mi cuenta. Cuando a mister Blogger le salga de las orejas dejarme borrarlas, las borraré.<br /><br /><span style="font-size:130%;color:#ff0000;">Vermillion Part 1.</span><br /><br /><embed src="http://www.youtube.com/v/KKJihYZ55ro" width="425" height="350" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"></embed><br /><br /><span style="font-size:130%;color:#ff0000;">Vermillion Part 2.</span><br /><br /><embed src="http://www.youtube.com/v/yqxp-EtxLd0" width="425" height="350" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"></embed><br /><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/2554/2453/320/409914/Slipknot%20pic.jpg" border="0" /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/2554/2453/1600/738494/Slipknot%20pic.jpg"></a><br /><div align="center"><em><span style="color:#ff0000;">Estos son los muchachos.</span></em><br /></div><div align="left">Felices pesadillas. </div>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1164377489639675272006-11-24T15:03:00.000+01:002006-11-24T15:11:29.660+01:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">AAAAAAAHHHHHHGGGGGGGG!!!!!!!!!</span><br /><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/2554/2453/1600/807448/gaiman.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/2554/2453/400/457690/gaiman.jpg" border="0" /></a><br /><span style="font-size:130%;">Un post muy breve, solo para deciros que acabo de encontrar un blog escrito por mi adorado Neil Gaiman. Casi me da un patatús. Para los que son nuevos en mi blog, diré que es uno de mis escritores preferidos. Es extraño, oscuro, fsacinante, delirante, original y un montón más de adjetivos que no se me ocurren. En mis Enlaces enontraréis el del blog de Gaiman, solo que tiene un pequeño inconveniente, está en inglés.<br />Felices oscuros sueños.</span>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1164117030651196302006-11-21T14:45:00.000+01:002006-11-21T14:50:30.680+01:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Recuerdos televisivos y monstruos.</span><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/2554/2453/1600/805201/aluxe.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/2554/2453/320/234084/aluxe.jpg" border="0" /></a>Mi vida de pequeño se regía por dos reglas básicas. Mi Biblia eran las películas y sobre todo las series de televisión. Esa era una. La otra era que las noches eran terribles y sobrevivir a cada una de ellas era un suplicio. Ayer, viendo una de esas viejas series americanas de los ochenta, un montón de recuerdos me ha golpeado. Siempre me pasa lo mismo cuando veo esos inconfundibles filtros un tanto apagados o oigo las risas enlatadas. Recuerdo esas tardes de invierno, cuando en la calle ya estaba anocheciendo, pegado al radiador de mi casa, viendo esas viejas series o películas de los ochenta e imaginado que era uno de sus protagonistas, el que se enamoraba de la chica rubia o era perseguido por algún tipo de peligro. El mundo para mi siempre fue un tanto aburrido de pequeño, pues mi enorme imaginación creaba expectativas que la vida de un niño no puede cumplir. Ayer recordaba esas tardes, esperando a que mi padre viniera de trabajar, oyendo a mi madre, enfundada en una bata, preparando la cena en la helada cocina, fuera de la protección del único radiador que había en mi casa, al que yo me abrazaba mientras imaginaba que estaba en otro lugar, muy lejos de allí. Esos si son recuerdos agridulces. A veces los recuerdos se te clavan como cuchillas afiladas. Cuando me pongo delante de una de esas series o de una de las películas que devoraba de niño, como Dentro del laberinto, los Goonies, Los exploradores, viajo a aquella época. Y era una época triste, al menos así la recuerdo. Demasiado solo, un niño extraño que disimulaba muy bien sus tribulaciones internas y parecía medianamente normal. Pero mi mundo era mucho más oscuro de lo que dejaba ver a mis padres, familiares y amigos, que no eran muchos. Eso era cosa mía, nadie podía entenderlo. Un mundo enorme atrapado en un mundo real demasiado pequeño. Eso me asfixiaba.<br />Así que la melancolía vino a visitarme ayer por la tarde, mientras anochecía, roía las paredes de mi casa y se arrastraba por el suelo, con su inconfundible olor, olor a luz cálida, a lluvia, a noches de conversación apagada y triste en la barra de un bar junto algún amigo.<br />La melancolía sigue ahí. Los recuerdos no se van y casi puedo sentir el sabor de aquellos días, el frío de las noches bajo las mantas, con miedo a sacar la cabeza. El viejo miedo a las noches que siempre me acompañó desde que tengo memoria.<br />Creo que he dicho alguna vez que mis padres, como eran muy jóvenes y novatos, me permitían algunas cosas que otros niños no podían hacer. Por ejemplo, nunca me prohibieron ver nada en la televisión, ni me impusieron una hora para irme a la cama. Así que tuve acceso a muchas películas de terror, que hicieron de las noches de mi infancia un infierno. El resplandor, El misterio de Salem Slot, Las colinas tienen ojos, Un hombre lobo americano en Londres, Pesadilla en Elms Street y un largo etcétera de terribles imágenes que alimentaban mi imaginación y permitían que esta se explayara cada noche y creara un infierno particular para mi que no compartía con nadie. Recuerdo horas y horas en vela, bajo la manta, leyendo algún cómic con la luz de mi reloj casio o reproduciendo en mi mente alguna de mis películas favoritas, sobre todo los Goonies y El Señor de los anillos (la versión animada de Ralph Bakshi). Era un curioso don que tenía, podía reproducirlas enteras, plano a plano, frase a frase. Así noche tras noche, hasta que el sueño me vencía y la salvadora mañana llegaba para rescatarme.<br />Es curioso que con el tiempo todas esas pesadillas formaran parte primordial de mi vida y llegara a tolerarlas y más tarde a amarlas, alimentándolas con cientos de películas de terror y creando las mías propias en relatos y demás escritos.<br />Es curioso.<br />Como es curioso como te abandonas a veces a los recuerdos y desvarías durante un folio entero sobre tu infancia, con ese sabor dulzón que dejan en la boca los días que ya no volverán, y no sabes si echarlos de menos a alegrarte del tiempo pasado y de todo lo malo que quedó atrás.<br />Bueno. Mañana publicaré esto, hoy para vosotros, mis amados camaradas blogeros, y ahora me voy a ver la tele, bajo esta luz que tanto me recuerda a aquella que iluminaba mis tardes de niño, con el mismo frío fuera en la calle, con mis viejos monstruos y fantasmas esperándome en la habitación, a pesar de María. Pero ya no me asustan, son viejos compañeros, y están cansados de no ser reales, por eso encuentran reconfortable mi imaginación y mi miedo, que les alimenta, les da un poco de calor.<br />Felices pesadillas.<br /><br /><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/2554/2453/320/498620/tlaIris.jog.jpg" border="0" /></p><p align="center"><em>Il<span style="font-size:85%;">ustraciones de Ciruelo y Yoshitaka Amano, respectívamente.</span></em></p>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1162203557515174832006-10-30T11:17:00.000+01:002006-10-30T11:19:17.536+01:00Este escrito es para ti, abierto a todo el mundo por que te lo debo. Es para ti por cada día, por cada día cuesta arriba que tiras de los dos y no te rindes cuando mis sombras, mis pequeñas y adoradas sombras, me agarran y me roban las fuerzas y yo me sentaría en el camino abandonándome, hasta que la oscuridad me comiera, como me ha comido tantas veces. Es para ti por que siento a veces que no te demuestro lo importante, lo vital que eres, y aunque es solo una gota, una muesca de color con la que intento alumbrar un lienzo que regalarte y debo pintar cada hora, es también un principio. Por que hemos abordado muchos finales y hemos sabido sortearlos, rodearlos, abrir camino donde parecía que ya no lo había, por ti, pues tú eres mi hacedora de caminos, la que orada en mi viscosa negrura y saca lo bueno que hay en mi y que me empeño en olvidar cada día. Yo esculpo tu cuerpo con manos torpes cada día, en un gesto primario, demasiado animal, demasiado humano, pero tú esculpes mi interior, limas las impurezas, y aunque es una obra que muy posiblemente no podrás acabar nunca, y lo sabes, una vez más no te rindes.<br />Es para ti, pero solo son palabras y se me escapan en alguna parte entre mi cerebro, mi alma y mis manos y se desparraman en el teclado y ya no se ordenarlas y que te demuestran tantas y tantas cosas. Pero tu conoces mi interior, y sabes de donde salen y ya las has leído mil veces. Pero intento sacarlas, soltarlas al mundo.<br />Es para ti por cada noche, ya sabes que noches, esas terribles que te conviertes en cerradura de mi terrores, carcelera de mis más profundos miedos y guardiana de mis pesadillas. Como un faro suave y caliente, y me basta con alargar la mano y ahí está y tu tacto me devuelve al mundo cuando más lo necesito. Y es para ti por esas palabras que inventas y cazas en la noche, como peces brillantes, esas palabras con las que me tiendes puentes hacia ti, o redes, como decía el poeta, y me sacas del fango. <br />Es para ti por tantas cosas. Quería enumerarlas todas y ahora me faltan las ideas. En fin, creo que sabes por todo lo que este texto es para ti, aunque sea simple y no sea lo mejor que escrito sabes lo que quiero decir con él, porque es para ti, solo para ti.<br /><br />El maldito blog no me deja poner ímágenes ni cambiar el tamaño o color de las letras. Así que imaginaros este post con el cuadro de Dalí, muchacha en la ventana, que es el favorito de María.Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1161284154221190942006-10-19T20:43:00.000+02:002006-10-19T21:00:41.433+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Misterios de la carne.</span><br /><br /><br /><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 350px; CURSOR: hand; HEIGHT: 447px; TEXT-ALIGN: center" height="448" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/lo%20nuestro.jpg" width="374" border="0" /><br /><br />Os obsequio con una imagen de Charlie Burns, un autor de cómics de lo más interesante y máximo exponente de la nueva carne en el mundo del cómic. Pertenece a una obra llamada <em>Los</em> <em>misterios de la carne</em>. Son historias de una sola página. Esta en particular me fascina, me siento terriblemente identificado con ella. Todas las deformaciones psíquicas y emocionales que impiden dejar que la cosas sean más fáciles, que impiden demostrar a las personas cuanto nos importan, que nos van encerrando en nuestro oscuro mundo hasta que solo estamos rodeados de nuestros propios monstruos, nacidos de nuestro interior, de nuestra conciencia, de nuestra mente retorcida. Supongo que hay gente que no está capacitada para encontrar los caminos rectos, gente condenada a vagar por la oscuridad. Y suele ser un camino solitario.<br />En fin, un autor tremendamente recomendable, pero sobre todo su obra cumbre, recién editada en un solo tomo y que tengo que dejarle pero ya al Chicogris, Agujero Negro.<br /></p><p>Como no se entiende en la imagen os lo explico. La chica le pide explicaciones a su novio de por qué ya no le llma, ni queda con ella, ni da señales de vida. Él la evita con excusas baratas. Cuando el plano se agranda, se ve que él tiene una boca en el estómago que le dice: <span style="color:#ff0000;">¿Por qué le mientes? Tarde o temprano tendrás que contarle lo nuestro.<br /></span></p><p>Felices pesadillas. </p>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1159962574948187052006-10-04T13:21:00.000+02:002006-10-04T13:50:46.830+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Querido Jaume.</span><br /><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/entrarvivir.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/entrarvivir.jpg" border="0" /></a>Ayer vi <em><span style="color:#ff0000;">Para entrar vivir</span></em>, la nueva película de Jauma Balagueró, enmarcada en el ciclo, <span style="color:#ff0000;"><em>Películas para no dormir.</em></span> Una vez más tengo que rendirme ante la genialidad de este director. Pero que nadie se equivoque, esto no es una crítica de cine, simplemente os cuento que esta peli me ha fascinado, cosa que no es nada nueva en este Balagueró.<br />Llega donde nadie más se atreve, y nisiquiera imagina, llegar en el cine español. Escarva en lo más porfundo de lo desgradable, del lado oscuro de la relidad y deforma todas quellas cosas que damos por sentadas, elimina con saña y voracisdad la cortina que oculta todo lo horrendo de las vidas de sus personajes, gentes corrientes y molientes que podríamos ser cualquiera de nosotros. Es lógico que le ame, pues es el único artista español que conozco, sin contar a un servidor, que ahonda y explora los rincones de la nueva carne, plagando sus relatos, y no es una excepción este último trabajo, de seres deformes, exclavos amordazados y engendros que han perdido toda su humanidad entre cadenas, perforaciones y alambres que rasgan y cortan.<br />Es increible como en <em><span style="color:#ff0000;">Para entrar a vivir</span> </em>la carne pierde valor y se transforma en plástico, el icalor de un corazón, el ansia de una vida se encierran en muñecos. Y viceversa, se transforma a la gente en piezas de un macabro juego, de una maqueta de deimensiones grandiosas y enfermizas y sus pedazos quedan diseminados por pasillos polvorientos.<br />La estética fiel a toda su obra, fotografía oscura y desgastada y planos cargadados de destalles en los que hasta el más mínimno objeto forma parte del cuadro que quiere pintar con la cámara.<br />Y todo ese marco maravilloso de locura, de tórrida y oscura belleza, al servicio de una historia sin descanso, demencial, cautivadora y terriblemente triste, sobre el paso del tiempo, sobre la impasividad del sistema que nos aplasta. Una historia que vuelve a tirar del manido tema del psicópata y conseguir que un loco sociópata vuelva a asustarme.<br />En fin, si tuviera que hacer una lista de mis diez directoress favoritos, el señor Balagueró estaría de los primeros en la lista.<br /><br />Felices pesadillas.<br /><br /><br /><br /><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/entrarvivir-6.jpg" border="0" /></p><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/entrarvivir-5.jpg" border="0" /></p>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1158236237447689812006-09-14T13:57:00.000+02:002006-09-14T14:17:17.490+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Quiero ponerme un traje de carne.</span><br /><br /><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/inbs500.jpg" border="0" /><br /><em><span style="color:#ff0000;">Aquí estoy, aunque tengo que pedir disculpas. Soy un vago y no he terminado ninguno de los relatos en los que estoy trabajando, así que he tomado el camino fácil, que es publicar uno que ya tenía escrito.<br />He elegido este, que ya tiene cinco años y fue publicado en La botella vacía, porque en muchos aspectos es el primero.<br />Fue el primer relato mío que leyó María. Tiempo después me dijo que empecé a gustarle de veras cuando lo leyó, lo cual no dice mucho en favor de su estado mental, je, je.<br />También fue el primero que publiqué en la botella.<br />Pero sobre todom, es mi pirmer relato en el que hace apoareición la Nueva Carne. LO bueno es que aun no conocía el movimiento como tal, aunque sí a algunos artistas como Clive Barker o H. R. Giger. Me gusta pensar que la Nueva Carne me encontró a mi y no yo a ella.<br />Bueno, cuando lo leáis, pensad que fue una de las peores épocas de mi vida. Estaba aburrido, estancado, asqueado y un montón de cosas negativas más acabadas en do.<br />A pesar de escritos como este, sigo siendo un tipo simpático.<br />Os dejo con el relato y os informo de que la ilustración es de Clive Barker. Un saludo.<br /></span></em><br /><br /><br />No sé exactamente que es lo que no funciona bien dentro de mi. Pero sí se que hay algo que no marcha bien, eso seguro. Lo puedo sentir cada día, cada momento, creciendo dentro de mi, agarrándose a mis entrañas y retorciendo mi alma. No puedo explicarlo, no es una sensación, no es un pensamiento ni un sentimiento, es como un cúmulo de todas esas cosas mezcladas y trituradas por una batidora que funciona al revés, o a más revoluciones de las debidas, una batidora que no aguanta su propio ritmo y que empieza a derretirse lentamente, a temblar, y el líquido perverso y corrompido que con tanto ahínco se afanaba en preparar empieza salírsele por los bordes.<br />Hoy es domingo. Tampoco he pegado ojo en toda la noche. He intentado todo para no pensar, para no sentir, para convertirme en un zombi inmune a este estado, leer, ver alguna película, hacer ejercicio, pero nada consigue levantar mi aplastamiento. Incluso intenté meneármela pensando en esa cajera que tanto me pone, pues mi novia hace mucho que dejó de presentarse en mis fantasías sexuales. Pero cuando estábamos en el almacén del supermercado y yo empezaba levantarle la falda de su repentinamente sexy uniforme de trabajo, mi pútrida imaginación me ha jugado una mala pasada y de entre sus prietas y anheladas piernas han comenzado a salir miles de cucarachas que, usando mis brazos como puentes, han logrado llegar hasta mi cabeza, introduciéndose por todos los agujeros que encontraban y por algunos nuevos que ellas abrían. He cesado en mi empeño manual y he cerrado los ojos con tanta fuerza que pensaba que me iban a estallar, hasta que la cajera, su maldito coño y las cucarachas han desaparecido de mi mente. Pero la horrible y palpable sensación sigue ahí, no se va. Bueno, como ya he dicho, no sé sí es sensación, si sentimiento, si...es que no sé como definirlo, es como si lo vieras todo gris, viejo, como si una capa de cenizas cubriera la tierra, a la gente, pero nadie salvo yo se diera cuenta. Todo me sabe rancio, desde la comida hasta el sexo, todo me huele mal, muy mal, algo está podrido, no sé si yo o el mundo. No consigo imaginar nada agradable y todos los que conozco están transformados, son unos monstruos que se ponen los trajes de sangre y carne de aquellos que en otro tiempo fueron mis amigos, mi familia, mi novia.<br />¿Y saben lo qué es peor?, ¿lo saben?, que todavía me agarro a la poca cordura que debe quedarme y sé que muy probablemente todo eso no este más que en mi mente, pero el problema es que no solo pienso o creo que el mundo es así, también lo noto, todas las sensaciones que llegan hasta mi son terribles, como si una inmensa bomba de maldad, horror, miedo, locura y crueldad hubiese explotado en el mundo y los efectos de la honda expansiva reinasen todavía.<br /><br />Hay algo que empieza joderme seriamente. Me repatea por dentro ver como la gente camina mezquinamente por toda esa mierda. Estoy seguro de que la ven, de que la huelen y hace que les pique la carne, como a mi, pero fingen que no les afecta, y caminan entre ella con sonrisas arrancadas a golpes, y se bañan en esa corrupción, incluso algunos joden con ella. Unos por simple falsedad, otros por que ya se han transformado en monstruos con trajes de personas, como les ha ocurrido a casi todos los que conozco, monstruos que se alimentan de esos efluvios corruptos y malvados que emanan de la realidad. Eso me supera. Pero la verdad, aunque me cueste reconocerla, es que odio tanto la mezquindad y la monstruosa transformación del ser humano por pura envidia, envidia de no poder esconderme yo también bajo un manto de materia grasa en forma de mentiras y falsas apariencias, envidia por no conseguir<br />transformarme en un feliz monstruo que vista con orgullo su traje de última moda de<br />Yo mismo. Envidia, ese es el motivo de mi odio, no tengo fuerzas para arreglar el mundo, ya es demasiado tarde para eso, solo quiero que al menos se me permita cerrar los ojos como a los demás, quiero que al renacuajo le salgan patas con las que andar por la mugre, convertirme en una viscosa y hermosa rana con una larga lengua con la que saborear este delicioso mundo.<br />Pero no me convierto en rana, más bien me siento como la mosca, y cada día que pasa siento como las cada vez más numerosas ranas me miran con sus ojos saltones color rojo y se relamen; lo veo en mi madre cuando me mira, en mi novia cuando finge que viene a verme por que se preocupa por mi, en mis hermanos pequeños, ranitas que acaban de completar su transformación. Por eso ya no salgo a la calle, ahí fuera hay demasiados monstruos rana preparando sus afiladas lenguas para cazarme<br />Pero he decidido defenderme, solo en este ordenador en el que ahora escribo y en mi mismo puedo confiar, no dejaré que ningún monstruo mosca me atrape, no lo permitiré.<br />Oigo voces desde la cocina. Es el bicho que lleva el traje de mi madre. Supongo que me está llamando, no hay nadie más en casa, pero ya ni siquiera la entiendo, su idioma ya no es humano, nada más que una serie de sonidos guturales. La oigo acercarse. La puerta no puede atrancarse, pero no me cogerá desprevenido.<br /><br />El monstruo no esperaba que yo le saltase encima con mi abrecartas recuerdo de Toledo, una pequeña espada. Le he puesto la hoja en la garganta y al principio no ha reaccionado, pero luego ha empezado a agitarse compulsivamente y a espetarme órdenes en es asqueroso idioma suyo. Yo le he gritado que no iba a dejarle devorarme y al parecer me ha entendido, porque se ha puesto suplicarme y a llorar. Me ha dado tanto asco y pena que solo he visto una salida. Para mi sorpresa su sangre es roja y está caliente, aunque puede que esa sangre sea del traje de humano que llevaba. ¡Pero he descubierto algo maravilloso! He podido ver en el monstruo que yace muerto en el suelo el rostro de mi madre. Entonces lo he comprendido, la única forma de salvar la gente de esa horrible transformación es la muerte, la muerte es la única forma de devolverles la humanidad, tengo que devolverle a las personas la humanidad, tengo que hacerlo y voy a hacerlo, de lo contrario sería un monstruo tan horrible como esos que han corrompido al ser humano.<br />Están llamando al telefonillo. Seguro que es el monstruo con el traje de mi novia, también podré ayudarla a ella, podré ayudar a mucha gente. Voy a abrir.Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1157020046446586162006-08-31T11:57:00.000+02:002006-08-31T12:27:31.523+02:00<span style="font-size:180%;color:#33ff33;">El retorno.</span><br /><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/alatriste.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/alatriste.jpg" border="0" /></a>Hola, hola, hermanitos.<br />Ya he vuelto y cuando he visto la cantidad de entradas he decidido que era más fácil dar las gracias desde aquí a todo el mundo que ir comentario por comentario. Así que gracias, una vez más, es maravilloso que lo que escribo le guste a alguien.<br />Respondiendo a Liliana, he de decir que estaba de vacaiones y respondiendo a ese anónimo, sí, es cierto, ya he vuelto. Bueno, la verdad es que volví de Francia la semana pasada, pero he tenido unos días cuanto menos, raros.<br />Por partes.<br />El viaje genial. M he pasado dos semanas recorriendo la Galia y he de recocnocer que el país me ha encantado, ciudades increíbles, buena comida, gente agradable (y mujeres muy guapas, je). LLegamos hasta Brujas y para los que no habéis estado, daros un tirón de orejas, debe haber muy pocas ciudades tan hermosas, y para un enamorado de la buena cerveza como yo, Bélgica es un paraiso.<br />La parte mala.<br />La verdad es que no sabía si iba a mencionar esto en el blog, pero bueno, a final decidí comentarlo brevemente. Tuve que volverme tres días antes porque mi abuelo murió cuando María y yo estábamos en París.<br />Pasé todos los fines de semana y veranos de mi infancia con él y con mi abuela. Era una figura que me ha acompañado toda mi vida y pensar que ha desaparecido es un poco raro, como si tuviera la sensación de que es algo temporal, que dentro de una semana o dos volverá.<br />Echando la vista atrás, tiene gracia el tema de mi último relato, supongo que mi subconsciente se olía algo y quiso rendirle un homenaje.<br />Una parte crucial de mi infancia ha muerto definitivamente, no quería, pero al final la he tenido que dejar marhar y no me va a quedar más remedio (ya era hora, supongo) que aceptar que soy un hombre adulto, joven, pero adulto. (¡Qué horror!) Cuando voy a ver a mi abuela y veo el barrio en el que tantas veces jugué, medio derruido y casi abandonado, esperando la sentencia de muerte que lo convierta en un modernísimo complejo de apartamentos de lujo, es cuando más cuenta me doy que el tiempo pasa. La casa de mi viejo amigo de infancia, Salva, en la que él y su abuela vivían, vacía, las ventanas y las puertas tapiadas, entonces comprendo que la marcha nunca se detiene, por más que nos joda.<br />Pero bueno, no quiero depresiones. La vida sigue y mañana veré por fin con mi tío la película que llevamos dos años esperando, ALATRISTE. Así que me despido por el momento encantado de volver a estar entre gente tan excelente. Una gran abrazo a todas y todos, todos y todas.<br /><br />Por cierto, para los que me conocen personalmente. El más mínimo chiste sobre el señor Mortensen y yo y los ensarto, a fe que le haré, voto a tal.Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1154344187071013252006-07-31T13:03:00.000+02:002006-07-31T13:09:47.116+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Luz de fantasmas.</span><br /><br /><em><span style="color:#009900;">Bueno, aquí estoy de vuelta, como prometí. La idea de esta historia me la ha dado el nuevo libro de Chuck Palahniuk que es una enfermedad de novela. En ella habla de la luz para fantasmas y explica lo que es y a mi me ha inspirado esto. A lo mejor a alguien le inspira otra cosa y se anima a escribir algo distinto, hay dejo la propuesta. Mientras, estoy contando los días que nos faltan a María y ami para irnos de vacacioines y pisar tierras francesas, holandesas y belgas. Buen verano.</span></em><br /><em><span style="color:#009900;"></span></em><br /><br />¿Sabes cuando eres pequeño y el tiempo parece que tarda una eternidad en pasar? Esos cursos de colegio interminables, la inmensidad de los años que son como pequeñas vidas. Esos veranos en los que el tiempo, agobiado por el calor, parecía tomarse las cosas con un poco más de calma y casi detenerse y luego, cuando te haces mayor, parece que se de cuenta de que tiene que adelantar todo el trabajo perdido y empieza a correr más deprisa y los días se te escapan entre proyectos y sueños como agua entre los dedos. Pero a Mort, que tiene diez años, le encantaría que el tiempo corriera más y cuenta cada día, cada fracción de tiempo que le separa de una nueva temporada en casa de su abuelo.<br />Para Mort su abuelo es su ídolo.<br />Su abuelo viajó por todo el mundo con la abuela, a lugares tan lejanos que se tardaban meses en llegar. El abuelo relata siempre con todo lujo de detalles a su nieto las historias de esos viajes y la imaginación del niño construye en su mente mundos maravillosos a los que está seguro que viajará cuando sea mayor.<br />Ir a casa del abuelo es para Mort un billete hacia un lugar encantado, donde todo puede pasar.<br />Su abuelo ya es muy viejo, y desde que la abuela murió, su mirada está cargada de una tristeza inmensa que no es capaz de ocultar ni delante del niño, aunque tampoco lo intenta, por que el abuelo sabe que Mort es un chico especial, listo y con una mente maravillosa y no cree que tenga que ocultarle ciertos aspectos de la vida a los que va tenerse que enfrentar. Pero le sigue contando historias y la casa sigue siendo igual de grande que siempre, llena de recovecos, pasadizos, habitaciones secretas y tesoros que el abuelo ha ido recolectando a lo largo de sus viajes.<br />Pero lo mejor de todo es el teatro.<br />La casa del abuelo está junto a un viejo teatro abandonado que el abuelo compró. Cuando Mort le preguntó por qué lo había comprado si estaba viejo y abandonado, él solo le dijo que cuando era joven iba todas las tardes a ese teatro y allí le ocurrieron cosas maravillosas y transcurrieron los años más felices de su vida. Y luego añadió que además estaba encantado, como cualquier edificio antiguo. Por eso, cuando el niño se convirtió en hombre y se casó con la abuela y triunfó en los negocios, compró el viejo teatro y el edificio de al lado, dono construyó su casa.<br />Mort, efectivamente es un chico especial. No dudo ni un solo segundo que era cierto que el teatro estaba encantado y puesto que su abuelo iba todas las noches al teatro y minutos después salía otra vez, le pidió que le dejara acompañarle. El abuelo le miró muy fijamente y le dijo que si le acompañaba tenía que sur muy, muy valiente. Y mientras le decía esto le miraba a los ojos muy serio, así que Mort, que pocas veces veía esa mirada en su abuelo, sabía que le estaba hablando realmente en serio. Pero Mort es un chico especial, y es muy valiente.<br />Esa noche acompañó a su abuelo. Y no hablaron hasta que estuvieron frente al escenario, arruinado y mohoso, las cortinas del telón descoloridas y las tablas del suelo devoradas por la carcoma.<br />Entonces el abuelo le contó la historia de la luz de fantasmas y en sus palabras se podía notar un olor dulzón y amargo al mismo tiempo, el olor de la tristeza y la melancolía. Como el abuelo estaba muy serio, Mort no preguntaba, solo escuchaba.<br />Según el abuelo, es una costumbre, o lo era al menos en los viejos teatros, dejar una luz encendida en el escenario para ahuyentar a los fantasmas. Eso es lo que el abuelo hace cada noche, encender la luz de fantasmas. Y de pronto, todas las sombras que les rodeaban, todas las que quedaban fuera de las viejas y gastadas bombillas de la enorme araña llena de polvo que colgaba por del techo, empezaron a tener un aspecto siniestro y amenazante para el niño y pensó que si las luces se apagaban, todos los fantasmas de aquel viejo lugar se abalanzarían sobre su a abuelo y sobre él.<br />Pero el abuelo siguió hablando y dijo que él no creía eso. Dijo que no había más pena que la de morirse y que la luz era un pequeño camino para que los muertos pudieran volver a este mundo solo por unas horas, recordar como era el estar vivo, sentir el calor del mundo, pues cuando te morías, dijo el abuelo, no ibas a ninguna parte, simplemente te comía una nada fría y terrible que te robaba todo, reduciéndote a algo menos insignificante que unas virutas de polvo cósmico flotando a la deriva por la noche eterna del universo.<br />Dijo eso y apretó un interruptor que había en la pared y todas las luces excepto una descarnada bombilla sobre el escenario se apagaron. Mort tuvo miedo, pero Mort es un chico muy valiente.<br />El abuelo le dijo que era hora e irse y Mort negó con la cabeza. Quería quedarse un poco más. El abuelo asintió con la cabeza y le dejó entre las sombras, sentado en una raída y polvorienta butaca, con la mirada fija en la luz de fantasmas, sin atreverse a parpadear. <br />Estaba aterrorizado y no le importaba reconocerlo. Pero el quería ser un gran hombre como su abuelo, recorrer el mundo y verlo todo. Para eso, no debía tenerle miedo a nada, así que no se iba a mover de allí.<br />Y no se movió, ni tan siquiera cuando por el rabillo del ojo le pareció ver que en algunas butacas a los lados y en algunas en filas que había delante, habían surgido siluetas oscuras que aguardan en silencio, sin apartar la vista de la luz de fantasmas.<br />La luz crepitó y se apagó durante unos segundos.<br />Cuando se volvió a encender había un hombre en el escenario.<br />Miraba al público, que eran Mort y las misteriosas siluetas. Desde donde estaba el niño podía ver que el hombre no tenía ojos y su cuerpo era como una imagen de película que se hubiera escapado de la pantalla. Comenzó a andar por el escenario y empezó a recitar con una voz que era como un llanto, como un susurro, como un lamento agónico. Mort sabía que era lo que el hombre recitaba, sabía que era Hamlet por que su abuelo se lo había leído muchas noches.<br />Ese fue el principio.<br />Luego el hombre se evaporó pero le siguieron muchas más figuras espectrales que recitaban fragmentos de viejas obras o lloraban o pedían ayuda y gritaban desesperadamente que les dolía estar muertos. Como polillas ciegas atraídas por la luz para fantasmas, revoloteando en briznas de existencia agotadas y tardías, desesperadas. Vidas reducidas por la tragedia de la muerte a volutas de humo enroscadas en torno a una triste bombilla y que el más leve soplido de viento dispersaba. Allí comprendió la tragedia de la vida y la muerte. Que lo más importante es la vida, que hay que amarla y respetarla pues no hay más y cuando mueres el dolor de no vivir es insufrible y te aferras como puedes, pero solo es posible echar un vistazo a través de la pequeña rendija que deje alguna puerta mal cerrada, un puerta como la luz para fantasmas.<br />Desde entonces siempre vuelve, cada noche, siempre que va a casa del abuelo. Allí contempla grandes tragedias, traiciones y grandiosas batallas, mil historias de amor y de desamor. Todo fragmentos de cosas que ocurrieron muchos años antes y de las que ya no queda ni el recuerdo en el mundo real.<br />Cada noche se quedaba dormido en la butaca, arrullado por las voces de los fantasmas, que no podían verle, porque no estaban vivos y no existían realmente, igual que los protagonistas de una película no se giran por mucho que les grites para avisarles que el monstruo está detrás de ellos.<br />Cada noche trataba de no dormirse, pero, ¿no so acordáis de cuando erais niños y planeabais quedaros dormidos roda la noche? Al final siempre vencía el sueño. Y Mort siempre se dormía en la butaca y cada mañana despertaba en brazos del abuelo, que había vuelto a apagar la luz de fantasmas y le llevaba a la cama.Pero un día aguantó hasta el final. Con los ojos cansados logró aguantar despierto hasta que los rayos de luz del día se colaban por las rendijas que las maderas viejas dejan. Una luz cargada de realidad que hería a los fantasmas, que parecían más pálidos, más enfermos, más muertos.<br />Esa mañana apareció una mujer en el escenario.<br />Era muy hermosa. Morena, de piel blanca y un rostro angelical que ni siquiera la muerte había logrado ajar.<br />Esa mañana Mort notó una presencia a su lado y no le hizo falta mirar parea saber que era el abuelo.<br />La mujer empezó a cantar y sabía que su abuelo estaba llorando. Mort es un chico muy listo y supo que aquella mujer era su abuela y que era allí donde ella y el abuelo se habían conocido. Que era en aquel viejo teatro donde el abuelo de joven se escondía entre el público y contemplaba embelesado a aquella artista que le había robado el corazón.<br />El abuelo se acercó al escenario, pero la abuela no podía verle. Seguía cantando mientras él sostenía una mano temblorosa a pocos centímetros de su cara, deseando trocarla, pero ella estaba muy lejos de allí.<br />El abuelo se fue abatido hasta el interruptor y encendió las luces del teatro.<br />La luz de fantasmas se apagó y el hechizo se rompió.<br />Los misteriosos compañeros de butaca de Mort ya no estaban.<br />Lo que quedaba de la abuela había desaparecido.<br />El abuelo fue hasta él y le tendió una mano que él cogió, y así, sin decir nada, se fueron a casa.<br />Y Mort sigue contando los días que quedan hasta que pueda volver a ir a casa del abuelo.Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1153396298983274442006-07-20T13:48:00.000+02:002006-07-20T13:51:39.000+02:00Debo escribir esto en cinco minutos antes de que me echen a patadas de la biblioteca donde trabaja María. Os premeto que no he olvidado ni mi blog ni los vuestros, es solo que vivo demasiado lejos de cualquier punto civilizado y no tengo coche ni internet en casa. La próxima semana estaré de vuelta con algún relato y me pasaré por vuestros rincones a que me enriquezcáis un rato. Hasta entonces, gracias por seguir pasando por aquí y un abrazo.<br />P. D. : <span style="color:#3333ff;">Forza Italia! Arribo la azurra!</span>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1151586561545917602006-06-29T14:52:00.000+02:002006-06-29T15:56:38.000+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Velatorio.</span><br /><br /><br /><br />Los murmullos y los rezos tejen una tela siniestra y gris que deforma todo. El ambiente en la habitación está cargado y me pesan los ojos. Apenas consigo distinguir las formas de los asistentes, figuras borrosas detrás de hilos de humo de cirios y luz mortecina de una bombilla sucia y agonizante. Las ropas son todas negras, no se si por que lo son de veras o porque no soy capaz de distinguir más colores a parte de ese, el amarillo insidioso de la luz, y el blanco de las sábanas. No me atrevo a mirar al cadáver directamente. Lo observo con cobardía desde el rabillo del ojo. Apenas una mancha parda entre las sábanas. Una forma vagamente humana, desecha por la luz antinatural, por mis miedos y por lo asfixiante de la atmósfera. Un cuadro impresionista en relieve, un cuadro que se pudre a cada segundo que el reloj marca, ajeno a todo, indiferente, en la pared.<br />No sé que diablos hago yo aquí. No recuerdo bien como he llegado y no recuerdo que nadie a quien yo conociera hubiera muerto. No quiero estar aquí. Dios, creo que estoy sufriendo un ataque.<br />Desde pequeño me aterró la muerte. Jamás he ido a un entierro. No soportaría ver como el ataúd se hunde en la tierra y se traga algo que una vez fue persona, que rio, que soñó. La extinción total. Las religiones mienten, la fagotización de tu propia existencia por la nada, por el cosmos implacable. No logro imaginarme como debe ser el dejar de existir. Dejar de sentir, de pensar, de tener conciencia. Es algo completamente injusto. Yo no quiero morir, no quiero desaparecer. Es tan terrible, que ni siquiera seremos capaces de lamentar dejar de estar vivos, para lamentar algo de alguna forma hay que existir minimamente. El pienso luego existo anulado en su esencia.<br />Yo no quiero estar aquí. No conozco a la persona que ha muerto. ¿Qué pinto yo aquí?<br />Los rezos se me clavan en lo oídos. Por favor, que paren esas viejas de rezar y de llorar. Que se lleven este maldito muerto de aquí. Quiero salir, necesito salir, pero la puerta está cerrada y cuando he pedido por favor si alguien me la podía abrir nadie me ha hecho caso. Solo tienen ojos para el maldito muerto.<br />Pero debo estar aquí por algo. Quizás si que le conocía. Creo que debería echarle un vistazo. Voy a girar la cabeza, solo un momento. Tengo que saber que hago aquí. Solo una mirada.<br /><br />¿Entonces qué? ¿Qué significa todo esto? Yo nunca he creído en Dios. Nunca creí en el más allá. Siempre quise hacerlo. Siempre desee ser creyente de alguna doctrina y creer en un ser salvador que nos rescate de la nada que nos espera cuando nuestro cuerpo biológico muere. Pero nunca lo conseguí. Recopilé todas las historias de fantasmas que pude con la esperanza de que mi hicieran creer en otra vida más allá de la muerte. Pero ninguno de esos placebos me servio No fui capaz de creer en nada. Es tan lógico que en el mundo no había nada místico, que creamos todas las mitologías y folclores para poder seguir viviendo sin el terror palpable de que tras la muerte todo acaba. La imaginación del ser humano es su defensa contra la terrible verdad universal. Química, física, principio y final. Nada de dioses, ni fantasmas, ni paraíso, ni tan solo un triste infierno en el que refugiarse. Solo la nada. Tratamos de imaginarlo y lo hacemos como una inmensidad de color negro. Pero ni siquiera tiene color. Es nada. Siempre se dice que la imaginación del hombre es infinita, pero no es verdad. No podemos imaginar la nada.<br />¿Pero entonces qué es todo esto?<br />¿Por qué si mi cuerpo está hay, si estoy muerto, estoy aquí, junto a la pared, contemplándome? La respuesta llega rápidamente. Aún no estoy muerto del todo. En mi cerebro quedan ráfagas de energía que activan ciertas regiones encefálicas y se producen pensamientos, desvaríos residuales de mi mente agonizante. Eso es todo lo que queda de mi, una corriente que desaparece rápidamente en un cerebro muerto. Ni siquiera puedo sentir miedo, no queda de mi cerebro lo suficientemente vivo para poder formar ese sentimiento, es un alivio. Las formas que rezan siguen borrosas, y ahora sé por qué. Realmente no puedo verlas porque mis ojos están cerrados, solo las oigo levemente, mi cerebro sabe que me están velando y reproduce esta pálida copia de la escena verdadera que se debe estar produciendo fuera de mi mente.<br />Me pregunto como empezaré a desvanecerme, a desaparecer del todo cuando el cerebro muera completamente. ¿Me iré desvaneciendo lentamente, primero una mano, luego un brazo, y así sucesivamente, o desapareceré completamente en un solo segundo?<br />Ceo que mi mente ya empieza a fallar, pues entre los rezos me ha parecido oír una voz completamente distinta a toas las demás que me llama. Sí, ahí está otra vez. Una voz extraña, no sería capaz de definirla, como si el viento pudiera articular palabras, o la lluvia producir vocablos. Me ha vuelto a llamar. Pero la voz, estoy seguro, aunque no se por qué, no es de ninguno de los asistentes a mi velatorio. De todas maneras los observo,.<br />La presencia vestida de rojo no estaba ahí antes. Y ahora, en lo más hondo de todo mi humanidad, de una forma que ningún lenguaje terrestre puede expresar, siento miedo.<br />Como en una visión demoníaca sacada de una novela gótica, puedo ver que la aparición, realmente, no va vestida de rojo, son ríos de sangre que caen desde su cabeza y se enroscan en su cuerpo como serpientes hechizadas. Su pelo también es una maraña formada por sangre sobre sus espaldas. No tiene nariz, solo dos ojos negros y redondos y una fina y melancólica sonrisa. La boca no se mueve pro me vuelve a llamar. Es como si el cosmos se plegase sobre mi cabeza y revelase sus secretos. Esa figura es la Muerte. Lo sé igual que un perro saber nadar la primera vez que lo tiras al agua. Es la Muerte en persona, corpórea, con un poder infinito, que viene a por mi. Quiere llevarme, pero ¿dónde?. Eso ya da igual. La muerte está aquí, más real de lo que siempre la imaginé, tomando forma. Está claro que yo estaba equivocado. Morir no era el final. Estoy tan contento, que me lanzó sobre la Muerte y la abrazo. Esto le pilla de sorpresa y da un leve paso atrás. Luego se calma y me acoge. Calor y frío y todo se va desvaneciendo y una sensación como de nacer, y una luz y los recuerdos se deshacen como papel mojado, y la luz, y calor y frío.<br /><br /><br /><em><span style="color:#33cc00;">Perdón, mil perdones por mi tardanza. Pero he vuelto. He estado liadísimo, tengo unas ganas de tener internet en casa y no dejaros abandonad@s tanto tiempo. Mañana si tengo tiempo bucearé por los blogs amigos. Como sois muchos los queme escribisteis en el post anterior no me da tiempo a contestaros a todos, así que mil gracias a los viejos y a los nuevos por participar, os aseguro que la visita será devuelta. Por cierto, Liliana, si sigues por ahí, hace una semana tuve ocasión de leer el inicio de la nueva novela, todavía inédita de Paul Auster. Cuando se fue a rodar la peli en la que está enfrascado, le entregó a su editor el manuscrito para que la publicase el uno de enero del 2007. Dice que es la novela más extraña que ha escrito, habrá que esperar un poco todavía. Bueno compañeros, como siempre, un beso Desde las Sombras, me prodigaré más a menudo, palabra de honor.<br />Se me olvidaba decir que este relato en principio era una idea para un corto, pero la he reciclado. </span></em>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1149687572298649942006-06-07T15:35:00.000+02:002006-06-07T15:39:32.316+02:00<a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/im01.0.png"></a><br /><br /><br /><br /><span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Autómatas.</span><br /><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/im01.png" border="0" /><br /><p></p><p><br />Bueno, bueno, he vuelto. Tengo muy abandonado el blog y no quiero ni pensar en los blogs amigos, a ver si tengo tiempo y me poco al día con todo lo que habréis escrito en la última semana. Le estoy dando vueltas a un nuevo relato, pero me falta redondear algunas cosas, ya lo publicaré. Mientras, para quien le interese, os cuento algo.<br />El domingo estaba viendo Cuarto Milenio, el programa de Iker Jiménez. Dedicaron un breve reportaje a los autómatas y me recordó que hace años vino a mi ciudad un espectáculo llamado El Teatro de los Autómatas. Se trataba de una carpa en cuyo interior había ventanas tras las cuales unos autómatas representaban escenas supuestamente cómicas, todas con una ambientación de principios del siglo veinte.<br />Yo era muy joven, no sé, catorce o quince años, y los movimientos mecánicos y antinaturales de los pequeños muñecos, sus miradas perdidas y sus sonrisas forzadas me parecían de todo menos divertidas. Cuando llevaba un rato mirándolos lo que realmente me parecían era terribles. La luz era tenue y creaba ambiente una música de carrusel de lo más siniestra. Junto a mí, había padres que tiraban de sus hijos de una escena otra y pude ver que las caras de los niños se parecían mucho a la que debía estar poniendo yo. Estaba claro que los niños encontraban aquellas figuras animadas igual de inquietantes como y tenían la misma sensación que estaba teniendo el que suscribe, que los que realmente estábamos siendo observados éramos los que nos encontrábamos a ese lado del cristal.<br />Desde entonces me han fascinado eso pequeños diablos, de hecho soy un fanático de todo muñeco que se mueva. Desde los títeres a las fascinantes creaciones de Jim Henson. Para los que no lo conozcáis, Henson es el padre de cualquier muñeco animado famoso en el que penséis: los Teleñecos, sí, los Fraguel, sí, Cristal Oscuro, es suya. En fin, un genio. Que me desvío, como me ponga a hablar de Henson no paro. De los autómatas, como decía, me inquieta hasta la fascinación ese escorzo de vida que poseen y del que parecen querer escapar, esa amenaza velada tras sus ojos de cristal inmóviles, esa mirada que parece escaparse de su hieratismo en cuanto posamos la nuestra en otro punto. Me pongo a pensar en que cuando no los miras, por el rabillo del ojo, te parece ver que el movimiento repetitivo al que están condenados ha cambiado en algo. Imagino la típica escena de cine de terror clásico en la que te vas a ir y cuando te das cuenta y te giras, los muñecos malditos se han escapado de sus vitrinas y están en el suelo a tus pies, mirándote y con intenciones de lo más dudosas. Me fascinó tanto aquel teatro que escribí un cuento. Era de terror, claro. Le pena es que lo he perdido, me gustaría echarle un vistazo tantos años después, para ver como escribía en mis inicios. Estoy seguro de que era una mezcla entre los estilos de Robert E. Howard, H.P. Lovecraft y Doyle, que era lo que leía entonces. El caso es que se me ocurrió presentarlo al concurso de mi instituto, la primera vez que lo hacía, y debió presentarse además de mi la cabra de la legión y un tronco daltónico, porque </p><p></p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/meca.jpg" border="0" /><br /><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/escenario_02.jpg" border="0" /><br /><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/automatas.jpg" border="0" />Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1148912315777869372006-05-29T15:07:00.000+02:002006-05-29T16:18:37.690+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Solo un gato.</span><br /><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/birmano.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/birmano.jpg" border="0" /></a>Nadie te dice que a los veintisiete años, cuando apenas llevabas dos viviendo con tu novio, que este pueda morir en un accidente. No. Nadie, te prepara para eso. Como mucho, lo ves en alguna película y te parece eso, un argumento de película, tan lejano a cualquier cosa que te pueda ocurrir a ti como…como la ajetreada vida de un Jedi.<br />Pero pasa.<br />Hacía más de una mes que él había muerto y Claudia era incapaz de aceptarlo. Como si le hubieran arrancado un brazo, una honda desesperación negra y aciaga que le devoraba, que le oprimía la existencia, la visión y la percepción. Una pena honda negra hostil y hambrienta.<br />Su mundo se había convertido en una total vacuidad llena de zozobra. No era capaz de aceptar que no le volvería a oír, a ver a oler y a sentir dentro de ella, caliente y lleno de vida, fundiéndose con sus entrañas. No dejaba de imaginárselo destrozado y pudriéndose en la fría humedad de las entrañas de la tierra.<br />Se quedaba horas sentada, mirando la pared, intentando aferrarse a sus recuerdos, a la imagen que le quedaba de él, de su voz, de su risa, esperando que de tanto y tanto recordarle se hiciera una imagen sólida en su mente, un tumor con su forma que siempre llevar dentro.<br />Luego las noches eran para el llanto y para el miedo. Estaba aterrorizada de tener que vivir. ¿Cómo hacerlo? Era consciente de que, muy probablemente, el futuro llegara abrirse y pudiera seguir viviendo, pero eso solo ocurriría si ella lo permitía y no estaba muy segura de querer hacerlo.<br />Así, cada noche, sacaba a Bruja, la gata persa blanca que habían comprado hace un año, de la habitación, cerraba la puerta y se abandonaba a un llanto desesperado, profundo, queriendo ahogarse en lágrimas o deshacerse para poder escapar del dolor y de los recuerdos.<br />Aquella noche no estaba siendo diferente. Miraba al techo entre sollozos, la respiración entrecortada, dibujando formas con la mente en las sombras y las luces que se colaban por la ventana abierta. Hacía calor y fuera, la gata, como las últimas cuatro noches, no dejaba de maullar. Realmente adoraba a esa gata pero no entendía por qué llevaba algunas noches comportándose así, maullando sin parar. Sus nervios no estaban ni mucho menos en esos días para aguantar demasiado y después de cuatro noches, no pudo más y se levanto, se acercó a la puerta con la firme intención de regañar de forma severa al animal, que seguía con su cantinela.<br />Pero se detuvo, con la mano cerrada sobre el pomo de la puerta. El corazón se aceleró y empezó a sudar y no a causa del calor. No se oía perceptiblemente, no como un sonido normal, era más bien como un susurro lejano en muchos sentidos, como una corriente de aire que consiguiera, de alguna forma extraña, articular palabras; la verdad es que no podía describirlo bien, pero junto a los maullidos de la gata parecía oírse la voz de un hombre.<br />Hace unos meses se hubiera aterrorizado, cerrado la puerta de la habitación y buscado del móvil para llamar a la policía. Pero en su estado febril, nada tenía ya demasiada importancia y su razón estaba diluida en dolor y lágrimas. Abrió la puerta de golpe.<br />En el pasillo solo estaba la gata. Una manchita blanca que la miraba con ojos sorprendidos en la oscuridad. “Miau”, dijo, y ella se llevó la mano a la cabeza, pasando los dedos por el pelo empapado en sudor. Me estoy volviendo loca, dijo mientras se dirigía de vuelta a la cama, sin ni siquiera fuerzas para reñir a Bruja.<br /><br />Cuando la puerta se cerró, la gata miró al hombre que se apoyaba en la pared y miraba la puerta blanca que acababa de cerrase.<br />-Parece tan triste –dijo.<br />-Está destrozada -dijo la gata-, te echa mucho de menos.<br />-Yo también a ella. Querría quedarme a su lado toda la vida.<br />La gata se estaba lamiendo una pata blanca y los pelos, largos y finos se le quedaban pegados en la lengua áspera.<br />-Ya, pero no puedes, debes avanzar o te consumirás.<br />-Ya.<br />El fantasma, apenas perceptible para un ojo humano entre las sombras del pasillo, agachó la cabeza abatido.<br />-¿Por qué yo? Teníamos una vida fantástica. Somos buenas personas.<br />-Ni yo lo se –dijo la gata-. Nunca se llega tan allá. Pero espero que haya algo, no me gustaría pensar que el azar lo rige todo.<br />-Ya te contaré.<br />-Eso sí vuelves. No he conocido ninguno que lo consiguiera.<br />Las sombras de la habitación empezaron a moverse de forma amenazante y emitir lúgubres susurros. Si se fijaba bien, el espectro podía ver decenas de pequeños ojos rojos.<br />-¿No de asustan? –preguntó.<br />-¿Quién, ellos? –preguntó la gata señalando con una pata a las sombras que se movían alrededor de los dos-. No, no son más que parásitos que habitan en las sombras, alimentándose del miedo ancestral de los hombres a la oscuridad. Son inofensivos.<br />-Pues a mi me ponen los pelos de punta.<br />-Eso es porque todavía eres demasiado humano.<br />-¿Y tú? ¿Qué eres tú?<br />-Un gato.<br />-¿Solo?<br />-Sí, pero es que los gatos somos mucho más de lo que aparentamos. Somos de muchas maneras distintas en muchos mundos distintos, esa sería una buena forma de explicar de forma humana mi existencia, aunque es mucho más complejo.<br />-Ya. Bueno, creo que debo irme. Siento que me llaman. ¿Cuidarás de ella?<br />-Claro. Soy vuestra gata. Eso es lo que hacemos los gatos.<br />-Gracias.<br />El fantasma desapareció. Bruja, la gata se quedó mirando el vacío.<br />-Cuidaré de ella. Pero la verás muy pronto –dijo para sí misma.<br />Miró a la habitación y deseó que los gatos pudieran llorar.<br />Mientras, en la habitación, Claudia se dormía y las pastillas que había tomado paraban lentamente, de forma dulce y terrible, su corazón.<br /><br /><em>No estoy muy inspirado estos días, por que me estoy mudando con María y volvemos a vivir juntos. La pirmera noche que dormí de forma oficial en casa, el sábado, nustra gata, Clea (persa blanca como la del relato) no paraba de maullar fuera, queriendo entrar en la habitación. Y se me ocurrió el relato.<br /></em>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1148566748213714252006-05-25T14:55:00.000+02:002006-05-25T16:38:00.110+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">El violinista.</span><br /><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/violinista.gif"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/violinista.gif" border="0" /></a>La calle atestada de gente se llenaba con su música. El violín rasgaba las paredes y las columnas de los soportales, como un dedo curioso y travieso que buscaba de forma distraída restos de vidas y de sueños devorados por el mundo.<br />El sombrero donde recolectaba las monedas estaba lleno. Era casi medio día y Horacio, el labrador que desde hacía dos años le acompañaba, comenzaba a emitir pequeños gruñidos, señal inequívoca de que tenía hambre. Era hora de acabar la función.<br />La pieza de Mozart que estaba tocando acabó y sin su música el mundo parecía proseguir más ligero. La joven rubia que llevaba una hora escuchándole tocar volvió a aplaudir y a sonreírle. Él le devolvió la sonrisa con timidez. La chica se había ganado, sin duda alguna, un premio. Una canción suya. Una composición propia. No le gustaba sacarlas del arcón polvoriento de su alma donde las guardaba. No confiaba en ellas, pues siempre había pensado que había algo extraño, casi diabólico, en su música. Esa había sido la principal razón por la que había abandonado su brillante carrera como violinista y la había cambiado por una vida de vagabundeo por las ciudades de la vieja Europa. Cada vez que intentaba explicar por que no le gustaba interpretar sus propias piezas, por que nunca las mostraba a nadie y sobre todo, por que era incapaz de tocar ninguna de ellas con los ojos abiertos, la gente le miraba como si fuera un bicho raro, típicas excentricidades de genio. Por eso abandonó. Lejos de las voces que le decían que no podía negar al mundo un talento para la composición como el suyo. No se sentía seguro. En las viejas calles atestadas, con su perro, su violín y la compañía de los compositores muertos, sí. No sabía la razón verdadera de por qué iba a tocar una pieza suya solo para aquella joven que le miraba embelesada desde la otra punta de la calle, apoyada en una columna. Hacía años que no sacaba a su música a pasear. Pero estaba decidido. Apoyó el violín con firmeza en su hombro, levantó el arco y lo posó con delicadeza sobre las cuerdas, y cerró los ojos. Los ojos siempre cerrados cuando tocaba algo suyo. Desde que era muy pequeño. Tenía el recuerdo vago de cuando empezaba a componer, con no más de seis años, y recordaba que su música le hacía algo extraño y oscuro al mundo. Cerró los ojos.<br />La música salió del violín furiosa. Demasiado tiempo había estado encerrada y llenó el mundo de forma apresurada y violenta. La gente se paró en seco y la chica sintió un vuelco en el corazón. Para él siempre era la misma sensación. Un zumbido en el oído, una vibración apenas perceptible en el suelo, voces susurrantes que decían cosas que el no podía entender. Se arrepintió de haber empezado a tocar, pero ya era tarde para detenerse. Era incapaz de interrumpirse cuando tocaba una obra suya.<br />Pero esa vez las voces las oía más alto. Sentía presencias extrañas y calientes alrededor suya y una creciente sensación de miedo. Recordó a la joven, y aunque no sabía muy bien por qué, pensó que podía estar en peligro. Así que, por primera vez desde que tenía uso de razón, entreabrió un ojo mientras tocaba una pieza suya.<br />Delante de él se había parado una figura que no era capaz de distinguir bien, pero que le habló:<br />-No nos gusta tú música.<br />Dejó de tocar en el acto y cerró de nuevo los ojos. Podía sentir como su corazón amenazaba con estallar.<br />-Abre los ojos –dijo la voz-, ya nos has visto, es tarde para esconderse.<br />Y los abrió. Tuvo que apoyarse en la pared para no caer. Horacio gemía a sus pies.<br />La figura que le había hablado era un hombre. O lo fue en otro tiempo. Iba cubierto con una andrajosa túnica negra y la capucha le tapaba parte de la cabeza. Pero pudo ver que las cuencas de los ojos estaban vacías y la piel del sujeto era gris. Seguía en la calle, la gente que le había estado escuchando o que simplemente paseaba en ese momento por ahí, incluida la chica rubia, estaban inmóviles. Alrededor de la gante se habían agolpado un sin fin de monstruos que le miraban con una mezcla de rabia y curiosidad y cuchicheaban entre ellos. El mundo parecía el mismo, pero como visto por un filtro de cine defectuoso que acentuaba los rojos y los grises. Intentó volver a tocar, esperando en un gesto desesperado que su música, igual que le había llevado hasta allí, le llevara de vuelta. Pero el extraño que le había hablado le aferró la mano derecha con fuerza. El tacto de aquella mano cadavérica era frío y doloroso. Dejó caer el arco que chocó contra el suelo. El monstruo acercó su cara a la del violinista con una sonrisa burlona y puedo ver a través de las cuencas de los ojos vacías los límites de la locura y la cordura.<br />-Déjale en paz –dijo una voz de exquisita dulzura. El monstruo se apartó y él pudo ver que habían llegado más criaturas que lo miraban con desconfianza. Duendes, elfos, hadas. La voz parecía provenir de un hombre alto, de infinita belleza, vestido con una camisa y unos pantalones blancos y el pelo enormemente largo y negro.<br />-Perdona sus modales –dijo-, no es culpa suya.<br />-¿Quiénes sois? –preguntó el violinista.<br />-Bueno, eso depende. Yo por ejemplo me llamo Orfeo. Si quieres saber el nombre de los demás, pregúntales a ellos.<br />-¿Orfeo? ¿El Orfeo de…<br />-Sí, el mismo, el dios de la música, bla, bla, bla. No pongas esa cara de panoli. Siempre has sabido que tu música era especial. Por eso tocabas con los ojos cerrados. No querías ver esto, como el resto de los humanos. Y eso es precisamente lo que tu música consigue, abre una ventana para poder mirar de un mundo a otro.<br />-¿Pero que mundo es este?<br />-Verás -dijo Orfeo-. Al principio convivíamos con el hombre. Compartíamos el mundo por que la raza humana nos necesitaba para poder explicar cosas que no entendía o simplemente, creía en nosotros por que era ingenua y podía soñar con algo más allá de lo tangible. Era perfecto, pues por nustra parte, necesitamos que los humanos crean en nosotros para hacernos tangibles y poder habitar el mundo real. Pero con el tiempo, la raza humana fue encontrando respuestas en la ciencia o simplemente dejaron de preocuparle ciertos enigmas, así que dejaron de creer en nosotros y nos condenaron a este sucedáneo de mundo del que no podemos salir. De cuando en cuando algo, como tu música o un amor desproporcionado y apasionado o un cuadro realmente hermoso, abren una pequeña puerta por la que podemos asomarnos y recordar lo que perdimos. Esto no es un mundo, es una copia unidimensional de la realidad, un pliegue de existencia en un rincón perdido del bolsillo del universo. Aquí el sol no calienta y la noche no enfría, el amor se esfuma y la comida no sabe a nada. Es como vivir en una vieja fotografía de tu hogar, donde puedes ver a tu amada pero no saborear sus labios ni deleitarte con su voz.<br />-Lo siento, si pudiera hacer algo.<br />-Puedes –era un hada quien estaba hablando, el pelo verde la llegaba por debajo de la cintura-, es duro, pero puedes no volver a tocar tu música, que es la más hermosa del mundo, nunca más. Es cruel privar al mundo de ella, pero también lo es privarnos a nosotros de todo lo demás.<br />El violinista se sintió infinitamente pequeño. No le costaba trabajo no tocar su música, pero vivir recordando a todos aquellos seres encerrados en un jaula de ceniza y nada no iba ser fácil. No obstante, prometió no volver a tocar nada suyo y las criaturas, Orfeo incluido, le dieron la espalda y se alejaron.<br />Cerró los ojos y los volvió a abrir.<br />El mundo seguía igual. La joven se había marchado.<br /><br /><em>Este relató me costó un euro. Iba por la calle y un violinista tocaba. Junto a él, un perro aguardaba paciente. Me dio la idea y le di todo cuanto llevaba en ese momento, y que hasta ayer que mi madre me echó un cable, era todo lo que me quedaba (creo que este mes he desfasado un poco). La verdad es que es un poco lento y no muy inspirado, pero no se me ha ocurrido nada más, así que espero que por lo menos saquéis algo de él.</em>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147962712088923642006-05-18T15:22:00.000+02:002006-05-22T18:00:18.146+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">El run run del mar y una campana.</span><br /><br /><br /><br /><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/barcofantasma.jpg" border="0" /><br />El puerto. Aquella noche era como una mancha de un líquido espeso y negro a la que se habían adherido pequeñas motas de colores. El run run del mar. Las voces de la gente en las terrazas del paseo marítimo. Fragmentos de música arrancados al ambiente viciado de algún bar cada vez que se habría la puerta. Tras él, el bosque de velas y mástiles le impedían ver nada y eso le aliviaba. Era una frontera que le separaba del mundo, un mundo que iba a abandonar y que no quería ver, temiendo echarse atrás en el último momento. El run run del mar, dentro muy dentro de su pecho, el run run del mar, en el ambiente, en el aire frío y sabroso que le golpeaba la cara, le revolvía el pelo y le llenaba los pulmones, como un torrente de agua subterránea desbocada.<br />Dos meses llevaba yendo cada noche al mismo punto oscuro y apartado del puerto. Desde que lo había leído en un viejo libro de historias de fantasmas. La solución final y grandiosamente dramática para irse por la puerta grande, en un gesto romántico y hermoso, diciendo adiós a la vida mirando al horizonte. Nada de vísceras, de fármacos ni de sangre. Un final limpio, épico, rotundo y magnífico para una vida, admitámoslo, que había sido bastante mediocre.<br />El hombre patético de a pie convertido en héroe. De un plumazo. Solo hacía falta grandes dosis de fe y valor.<br />La fe, cuando estás desperado y completamente seguro de que quieres acabar con tu vida, más allá de llamar la atención y la apática autocompasión, sobra. Y con la fe siempre viene el valor. La fe nos da valor para llevar a acabo las más grandes hazañas. Grandiosamente heroicas o grandiosamente estúpidas y atroces, pero da valor al fin y al cabo.<br />Pero él no tenía la sensación de que iba a suicidarse, esa era la verdad. Solo iba a dar un paso en otra dirección. A mirar más allá. Solo quería emprender un viaje que le llevaría lejos de todo, de su humanidad y la mediocridad que llevaba implícita, lejos de lo tangible, del odio, del dolor, del sufrimiento. Iba a derramarse en una eternidad de magia y oscuridad por la que podría vagar hasta el fin. Una voz susurrada en el tiempo, una imagen fugaz confundida con los amaneceres y atardeceres del mundo, un espanto irreal escondido en la psique de los pueblos, en el corazón de las leyendas, del folclore.<br />Se alegraba de no tener cerca nadie que le sermoneara sobre lo hermoso que es vivir y lo injusto de que quisiera morir cuando hay tanta gente que desea vivir y la muerte les asalta sin ninguna impunidad.<br />Todo eso estaba muy bien. Pero a él no se le daba bien vivir. ¿De qué servía una vida si no le podía sacar provecho? Lo había intentado por todos los medios, de eso estaba seguro, pero no lo había conseguido. Lo que sí había logrado había sido encontrar un buen final. Solo necesitaba fe, no dudar de su cordura, no dudar de que fuera a ocurrir. Solo debía creer en la magia.<br />El run run del mar en la noche. El run run del mar oscuro y siniestro, un canto sinuoso, una voz agónica del mundo que casi nadie se paraba a escuchar. El estaba allí para escucharla, para creer, con el corazón y todos los ojos de su ser muy abiertos, ansiando, devorando el run run del mar.<br />Run run, y una campana. En la noche, clara y fuerte, de tañir calmado y sosegado, como si no tuviera ninguna prisa. La lona negra del mar, salpicada por breves erupciones de espuma blanca, se abrió, como unas negras fauces, como si un enorme peso la obligara. Donde un segundo antes no había nada, empezaron a materializarse las costillas de tabla del casco de un barco. Estaba exultante. Por fin su espera daba frutos, sabía que vendría. Al casco le siguió la cubierta y el puente y los mástiles que se llenaron de velas rasgadas por las que correteaban fantasmales figuras de marineros muertos mucho tiempo atrás. Los tablones del casco, gris azulados en la noche, pasaban casi rozando la estructura de cemento del puerto. Era como un inmenso monstruo, tranquilo y lento, pero poderoso. Cañones llenos de herrumbre asomaban de forma amenazante, a pesar del tiempo que hacía que nadie los cargaba. Las velas se agitaban, aunque él sabía que el aire que corría por ellas era aire muerto hacía ya demasiados años. Era otra fuerza la que impulsaba el navío. La fuerza del dolor, del recuerdo, de la tragedia, del eco de vidas ahogadas antes de tiempo que se habían quedado pegadas en el tejido del presente. El barco se detuvo y una multitud de rostros grises se agolpaban en la cubierta, muchos metros por encima de su cabeza. El crujido de las maderas se había comido el run run del mar.<br />-Otro que ha oído hablar de la vieja historia. Que los barcos malditos y condenados a vagar por toda la eternidad recogen a aquellos que quieren dejar esta vida.<br />No pudo ver de cual de todas las espectrales figuras provenía la voz, pero supuso que era el capitán.<br />-Así es -dijo-, ¿es cierta?<br />-Sí, lo es, pero debes estar seguro. Te condenarás a al olvido, al la noche eterna, a ser un murmullo confuso, tu humanidad perdida y tu alma atada a una maldición, a un horror, una aberración, una anomalía en el devenir de los tiempos. ¿Es eso lo que quieres realmente?<br />-No he vivido nada mejor. Y nada es eterno, nada puede serlo.<br />-Pues sube.<br />A bordo nadie le prestó atención durante demasiado tiempo. Los fantasmas siguieron enseguida con sus tareas.<br />Le asombró lo poco que le dolió morirse. Su piel se volvió azul y un frío extremo se le instaló en el corazón. Luego sus ojos veían mucho más allá. En el tiempo, en los sentimientos.<br />La brisa ya no movía su pelo. La campana volvió a sonar y el barco comenzó a moverse. </p><p> </p><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/200/11ferminignacio.jpg" border="0" /><br /><br /><br /><em>La otra noche, en la cama, antes de dormirme, me puse a pensar en el inconmesurable poema de mi amigo Canichu, ese que colgó un día en su blog que venía a decir que todos los que bebíamos esperábamos para ver zarpar el Titanic (estábamos en un bar cuando lo escribió), y se me ocurrió este relato. Espero que os guste.</em> </p>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147958059285471912006-05-18T15:08:00.000+02:002006-05-18T15:14:19.300+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">CAMPIONS!!!!!!!</span><br /><br />No puedo evitarlo, pero ayer los barcelonistas nos quitamos una enorme espina. Dispculpas a todos aquellos visitantes de este blog que no les guste el fúbol. <span style="color:#ff0000;"><span style="color:#3333ff;">¡¡¡¡¡</span>Visca <span style="color:#3333ff;">el</span> Barça</span><span style="color:#3333ff;">!!!!!</span><br /><br /><br /><br /><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/170506_puyol_copa_gran.jpg" border="0" /></p><p><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/180506_alegria_gran.jpg" border="0" /></p>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147700868268549252006-05-15T15:43:00.000+02:002006-05-16T15:22:50.076+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">El forense.</span><br /><br /><br /><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/VALLMED.jpg" border="0" /><br /><br />El cadáver estaba boca abajo. Lo que en el argot médico llaman de cubito prono. Levantó la hoja plateada, como una pequeña joya delicada pero mortal, y comenzó a realizar la primera incisión sobre las apófisis espinosas. Un gesto homicida, antinatural y salvaje que él llevaba haciendo de forma natural hace ya tantos años. Al principio los seguía viendo como personas, pero eso le destrozaba. Había que verlos como carne, solo carne.<br />-¿Para qué es eso? –preguntó su interlocutor.<br />-Hay que echarle un vistazo a las vértebras y a la médula –respondió mientras separaba la masa muscular de los canales vertebrales, dos pequeñas incisiones de no más de cinco centímetros.<br />Sin saber muy bien por que, su mirada se posó en la bandeja donde el instrumental aguardaba su turno para participar en el festín, como animales hambrientos.<br />Pareció leerle el pensamiento.<br />-¿De verdad sabes para que sirve cada un de esas cosas?<br />Arturo seguía con la mirada perdida en la bandeja, la vista viajando por todo los instrumentos allí colocados. Bisturí, pinzas de disección, sonda acanalada, estilete, sierras, raquítomo, cinceles, legras, bascula.... Todo un festival de horror en pulcro he inmaculado acero quirúrgico. Herramientas hechas por el hombre para destrozar otros hombres, para ahondar en los secretos del cuerpo humano y de la muerte, para fisgar, entre sangre y fluidos, en el trabajo más recóndito de la naturaleza, o de Dios, ¿quién sabe?<br />-¿Por qué forense? Es asqueroso. Y bastante enfermo, si me permites decirlo.<br />Arturo sonrió mientras seccionaba las láminas vertebrales para abrir el conducto raquídeo.<br />-A mí en cambio me parece hermoso. La verdad es que nunca he entendido por qué discriminamos tanto el interior del cuerpo humano. No se por qué un pecho pude ser hermoso y un pulmón no.<br />-Fácil –dijo el otro-. Es como descubrir el secreto del truco. Por fuera somos hermosos, nos creemos dioses antiguos, como una bella estatua de Apolo. Por dentro somos fluidos, sangre, viscosidad. Nuestro exterior nos aleja de la idea de la muerte. Pero en nuestro interior viven con ella cada día. Si pudiéramos ver nuestros órganos, seríamos conscientes de lo frágiles que somos. -Nunca lo había visto así. Puede que tengas razón.<br />-La tengo, créeme, sé de lo que hablo. Pero no has contestado a mi pregunta.<br />-Ya. Quizá por eso. No lo sé. Me aterra la muerte y quería hurgar un poco más en nosotros. Encontrar algo que me hiciera pensar en que hay algo más.<br />-No tiene ningún sentido. Rodearte de muerte para buscar algún indicio de que la muerte realmente no existe. Si de verdad hay algo que transciende de nosotros, no está aquí, quiero decir, que no se queda demasiado tiempo, como ya sabrás. Te equivocaste. Deberías haber estudia psiquiatría, ¿no?<br />-Si- contestó Arturo con una sonrisa de la más insulsa.<br />-Bueno. De todas formas encontraste lo que buscabas.<br /><br /><br />Le había dado la vuelta al cuerpo. Realmente su acompañante esa noche tenía razón. Tan blanco, tan rígido, tan inmóvil. Parecía el rostro de una estatua de mármol. Por fuera somos inmortales. Es lo que hay debajo de nuestra apariencia, lo que no podemos ver, porque está oculto o porque es demasiado pequeño, eso es lo que se atrofia, lo que se encoge, se pudre y muere.<br />Visto desde ese punto de vista, el culto al cuerpo, a la belleza, que se daba en le mundo occidental en las últimas décadas quizá no fuera tan extraño ni tan descabellado.<br />Sacudió la cabeza para volver de su ensimismamiento y se preparó para el análisis del tórax. Inició el corte en la articulación esternoclavicular derecha, según el procedimiento habitual, llegó hasta la espina ilíaca anterosuperior, donde giró hacia adentro y siguió hasta la espina del pubis. Cogió un bisturí fino y desarticuló la extremidad interna de la clavícula.<br />-¿Tienes pinta de ser un solitario?<br />-En absoluto –contestó Arturo-. Eso es un mito. Estoy casado, tengo dos hijos maravillosos y muchos amigos.<br />-Curioso. ¿Chicos los dos?<br />-No. Chico y Chica. Dieciocho y diecisiete años.<br />-¿Ya van a segur tus pasos?<br />-Lo dudo mucho. Creo que son más de letras. Han salido a su madre –mientras hablaba, seccionó el diafragma y el ligamento redondo del hígado.<br />-¿Les harías un autopsia a ellos, o a tu mujer?<br />No contestó. Se quedó mirando el cadáver. Se había echo la misma pregunta mil veces. Al fin y al cabo, el hígado de su hijo o de Susana no deberían diferenciarse mucho del que ahora mismo, el pecho del cadáver abierto como un libro de anatomía, se le mostraba, húmedo y tembloroso. Pero sabía que no podría. Una parte de él lo veía como el último acercamiento que podría tener a alguno de sus seres queridos en caso de que acaeciera alguna desgracia. Entrar dentro de esa persona y memorizar también su interior, para que en su memoria nada se perdiera. Pero sabía que no podría.<br />Seccionó el hilio y extrajo los dos pulmones.<br /><br /><br />Separaba el cuero cabelludo de una apófisis mastoides a la otra.<br />-Crees que lo tuyo es un don.<br />-¿Un don?-preguntó Arturo- No, la verdad es que no sirve de mucho, para entretenerme lo más. Las horas aquí pasan muy lentas y un poco de compañía nunca viene mal.<br />-¿Y no crees qué puede ser que estés loco?<br />-¿Tu crees que estoy loco?<br />-No, lo verdad es que no. Tengo muy claro que estoy aquí hablando con tigo. ¿Son muchos lo que hablan?<br />-Sí, la verdad es que sí. Pero muchos no entienden bien que está pasando y lloran y te ruegan que no les hagas daño.<br />-Pobres.<br />Sí, pobres –corroboró Arturo-. Oye, voy a empezar a serrarte el cráneo, ¿de acuerdo?<br />-Sí, sí, claro –dijo el cadáver.<br /><br /><br /><em>Este relato se me ocurrió recién despertado el sábado por la mañana, en la cama todavía, rumiando mi catarro. María fue la primera que lo oyó de mi boca y me dijo escandalizada, pero asombrada, como siempre, que como se me ocurría pensar en esas cosas en la cama, en una mañana de sábado llena de sol. Je, je. </em><br /><em>Si algún estudiante de medicina lo lee, siento los mil errores técnicos que encontrará, de seguro, en el relato. Pero para un neófito que ha buscado algo de información en Internet, no se pude pedir mas, ¿no?</em>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147356025282360732006-05-11T15:16:00.002+02:002006-05-11T16:22:32.270+02:00<span style="font-size:180%;color:#ffcc33;">El más grande poeta.</span><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/112mazmG.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 249px; CURSOR: hand; HEIGHT: 308px" height="314" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/112mazmG.jpg" width="254" border="0" /></a>Siempre fui poeta. Nunca tuve la más mínima dificultad en recorrer los caminos dulces y pegajosos de las palabras, bañarme en ellos, llenarme las manos con frases jugosas y construir versos, como pequeñas obras de ingeniería en equilibrio, que se tambalean y amenazan con venirse abajo en cualquier momento, pero que milagrosamente siempre resistían.<br />Pero un día se acabó. El manantial se secó. No se debía a nada en concreto, pero un día, cuando fui buscar las palabras al prado verde donde las recolectaba, ya no estaban allí. Mis libros se vendían sin parar. Era uno de esos escasos y extraños casos de poetas con éxito. La verdad es que no tendría que volver a escribir nada si no quería y podría vivir de lo ya escrito. ¿Pero que sentido tiene la existencia de un poeta si se le mantiene alejado de la poesía?<br />Dejé todo cuanto tenía en el mundo y me puse a viajar en busca de la inspiración. No se si recordáis cierto anuncio de un coche. Pues era algo parecido. Buscaba algo en la Tierra que volviera a abrir esa parte de mi mente o de mi alma que permitía a las palabras, que fluían en desorden por el universo, pasar a través de mi y salir convertidas en arte.<br />Pero no encontré nada.<br />Hasta que un día, en China, un viejo poeta me dijo que los poetas tenemos la capacidad de ir más allá, pero que los poetas occidentales estamos tan contaminados de modernidad y de prejuicios que hace mucho tiempo que perdimos es don. De su mano, aprendí a atravesar ciertas puertas y nuevos mundos, escondidos en pliegues de la realidad olvidados que esperan a que alguien los estire y los redescubra, surgieron ante mí.<br />Demasiado largo es de contar todas las cosas que vi, y no es mi intención ahora. Solo quiero relatar cuando le encontré a él.<br />La verdad es que no encontré en los nuevos mundos nada que volviera a regar mi creatividad y vagaba por ella, un inmenso desierto que recorría una y otra vez, de arriba abajo, esperando encontrar alguna pequeña muestra de vida.<br />Fue en una de esas expediciones cuando me lo encontré.<br />Se había colado por alguna rendija en el desierto de mi creatividad.<br />No me atrevería decir que era un hombre. Era más bien un escuálido espectro que lloraba de forma desconsolada. A su alrededor, cosa que me sorprendió muchísimo, habían crecido una serie de pequeñas plantas de un magnífico color verde. He de reconocer que una parte de mi se sintió extrañamente ofendido, ¿quién era ese desconocido para plantar algo en mi propio desierto espiritual?<br />-Por qué lloras –fue lo único que acerté a preguntarle.<br />-Estoy maldito. Puedo inventar los más hermosos versos.<br />-¿Cómo de hermosos? –pregunto mi escepticismo.<br />-Así de hermosos.<br />Recitó. Recitó palabras tan hermosas que hoy día aun las oigo en mis pesadillas. Palabras que ante mis oídos erigían imperios que volaban por el aire, como hojillas a la deriva, subiendo y bajando. Frases que me elevaban y me llenaban la piel y el alma de éxtasis. Palabras que oler y saborear con olores y sabores que ni los dioses se atrevían imaginar. Versos de locura, de placer, de lujuria, de odio, de amor, de sueños, de muerte, de sangre, de vino, de añoranza, de pasado, de futuro.<br />Y a cada palabra suya, el oasis a su alrededor, una planta allá, un árbol aquí, se hacía más grande. Y yo sabía que en cuanto él dejara mi desierto, todas esas plantas morirían y desaparecerían como si no hubieran existido jamás<br />Cuando acabó de recitar, tuve que admitir para mis adentros que, efectivamente, podía escribir lo versos más hermosos. Tuve que reconocer que era el poeta más grande de la existencia, de la creación.<br />Apreté los puños con ira. ¿Cómo podía decir alguien que semejante don era una maldición? El odio y la envidia envenenaban mis oídos y apretaba las manos con fuerza, deseando atrapar entre ellas el cuello del poeta. Quería ahogar aquellas palabras bajo sangre y bilis.<br />Pero me serené. Nunca fui un asesino.<br />-¿Por qué dices que estás maldito?<br />-Porque no encuentro nadie a quien amar. Esos versos que invento, no son para nadie. Son más estériles que la arena de este desierto.<br />Entonces comprendí. No sabía si era peor tener el alma llena de versos y no poder regalárselos a nadie, o amar y no encontrar poesía, ni de acto ni de palabra, para demostrarlo.<br />-Estás equivocado –le dije-. La poesía existe y ya está. Debes lanzarla a los cuatro vientos y ella encontrará su sitio. Vaga como estrellas errantes buscando un corazón que alumbrar.<br />-¿De veras?-preguntó, y sus ojos, negros y sin pupilas, pero muy brillantes, se abrieron de par en par.<br />-Claro. Tú solo estás enamorado del amor. Y eso no es malo. Bueno, tan bien estás muy solo.<br />-Si, estoy muy solo. ¿Me harás tú compañía?<br />-No, yo no puedo, no soy de este mundo realmente. Pero no te entristezcas, te llevaré a un lugar donde serás bien recibido.<br />Le tendí la mano y me la cogió.<br /><br />Muchas veces visitaba la posada de Earl. Sabía que él encajaría a la perfección. La posada era un edificio de madera enorme al pie de unas montañas. El ala oeste se sujetaba con unas vigas de madrea sobre un lago. De la pared salía un embarcadero también de madera, al que estaban amarradas un buen número de barcas de vela.<br />El sol estaba alto aquella mañana.<br />Entré en la posada seguido del Poeta, que no me soltaba la mano.<br />El viejo Earl, con su eterna camisa a cuadros, el pelo canoso y las gafas caídas sobre la nariz, leía un libro detrás del mostrador de recepción.<br />-Mira quien tenemos aquí –dijo el hombre cuando me vio-. ¿Y quién es tu amigo?<br />El Poeta se escondió detrás de mí.<br />-Alguien muy especial –dije-. ¿Hay alguien en la posada esta mañana?<br />Earl se rascó la cabeza.<br />-¿Déjame pensar? Sí. El señor Byron, el señor Bécquer, el señor Poe y el señor Milton están en la sala.<br />-Pues llámales. Creo que deben conocer a mi amigo.<br /><br /><br /><em><br />La frase “estar enamorado del amor”, se la he robado a María.</em><br />Ilustración: <em>The Dungeon</em>, por Ciruelo.Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147288284016023302006-05-10T20:57:00.000+02:002006-05-10T21:11:24.030+02:00<div align="center"><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/blackangel2.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/blackangel2.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;"><em> Dark Angel</em>, por Brom.</span></div><br />-Escribo para mantenerte alejado.<br />-Pero cada palabra me hace más real.<br />-Ya, pero puedo inventar mil jaulas para ti.<br />-Cada frase me hace más poderoso. Tanto como tu imaginación, podré escapar de cualquier cárcel.<br />-¿No hay escapatoria entonces?<br />-No. Tu debes crearme para que yo sea el fin de todo.<br />-¿Por qué yo?<br />-No eres tú. Es la raza humana la que habla por ti. Todo a he de tener un final. No sois una excepción.<br />-¿También lo tendrás tú?<br />-¿De qué sirve un dios sin nadie que crea en él?<br />-Pero tú eres el mal más absoluto.<br />-Claro. Y el bien supremo. Acabaré con las guerras, el hambre, el amor, la vida. Es tan sencillo. Dos caras de una misma moneda. Siempre fue ese el fin escrtio tanto tiempo atrás.<br />-¿Escrito por quién?<br /><br />No hubo respuesta a esa pregunta.Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147286952969097382006-05-10T20:27:00.000+02:002006-05-10T20:49:13.030+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">SE BUSCA A ESTE TIPO.</span><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/DVC00083.0.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/200/DVC00083.jpg" border="0" /></a><br /><br />Se le acusa de envenenar las mentes de todos aquellos que tienen la desgracia de caer en las garras de su blog con relatos macabros y escritos obscenos. Si le ven, tengan cuidado que muerde.<br />La mejor forma de atraparlo es lenzarle una jarra de cerveza bien fría y atacarle atraición mientras se la bebe. Se castigará sin remisión a todo aquel que sea sorprendido leyendo algo escrito por este energúmeno.<br /><br /><br />Lo siento, pero se me había acabado que leer en el mundo Blogil conocido y me aburría. Además, si el Chico Gris y Canichu ponen fotos suyas, no voy a ser yo menos.Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147270261838398992006-05-10T15:29:00.000+02:002006-05-10T16:11:01.856+02:00<span style="font-size:180%;color:#33cc00;">Madrid.</span><br /><em><span style="color:#ffcc00;"></span></em><br /><em><span style="color:#ffcc00;"></span></em><br /><em><span style="color:#ffcc00;">Escuchó una voz peluda en su oído que decía:<br />-Perdona, te importa soñar un poco más bajo, es que tus sueños se están derramando sobre los míos.”<br /></span></em><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/home09.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/320/home09.jpg" border="0" /></a>Ayer estuve con María en Madrid.<br />Una tarde entera de pasear, comer y beber. Nada más. Solo ella y yo y la ciudad que se habría al sol de la tarde como una flor, mostrando todos sus pétalos y todos sus pequeños pistilos.<br />Me encanta Madrid. Es como si no se acabara nunca, un mundo infinito lleno de posibilidades. Una máquina insaciable de fabricar detalles, colores, sonidos, olores. Bajo el sol tibio, los edificios parecen pinturas y dan al mundo una agradable y cálida sensación de irrealidad y por un momento me parece estar en un relato de Neil Gaiman.<br />La cita es de un libro suyo que no tenía fichado, Stardust, y que me saltó a las manos desde un estante del Fnac. Lo abrí y eso fue lo primero que leí. Es una pena que siempre le persiga estigma de guionista de comics. A mi me parece uno de los mejores creadores que hay ahora mismo.<br />Por desgracia, mi economía este mes, para variar, no esta para hacer grandes alardes, así que, como ya había elegido la edición especial de Fragiles de Jaume Balagueró, el libro volvió a las estanterías, junto con uno de Paul Auster y otro que transcurre en Japón durante la Segunda Guerra Mundial. Pero el mes que viene me las veré con los tres, voto a tal.<br />Al salir de la tienda, un quinteto de cuerda interpretaba obras de Mozart, Bach y otros –no soy ningún experto en la materia, ni falta que hace-. María y yo nos quedamos en silencio, atrapados por los violines, cuyas notas revoloteaban a nuestro alrededor, construyendo una jaula dulce y meliflua. Cuando los violines hablan, todo parece detenerse en el mundo y en la calle atestada de gente el tiempo era más lento, como más sólido. Yo la miraba a ella y la veía más hermosa que nunca, engalanada con la música y con el marco de la ciudad. Y es que siempre he pensado que, a María, las ciudades viejas y sabias empapadas de sol, le quedan especialmente bien.<br />Unas monedas a los músicos y otra al saxofonista negro que siempre convierte la calle paralela en una novela negra y al que algún día, algún día, inmortalizaré en un relato que escribiré también en inglés, para darle una copia y es que el tipo no habla, creo, ni papa de español.<br />Seguimos nuestro camino buscando el callejón del Gato (no, no sabemos donde está), a ver si al mirarnos en los espejos deformantes, nos vemos un poco normales, un poco como el resto de la gente. O por lo menos a ver si al fondo del Madrid deformado que los espejos devuelven a la mirada de los curiosos, podemos ver el fantasma de un tipo desaliñado, vestido de negro y con una larga barba blanca.<br />No lo encontramos y a mi me entró sed. En un callejón, como puesta ahí por los dioses, encontramos una taberna irlandesa llamada Moore`s. Tras la barra, una valkhiria bastante guapa y alta ayudaba al tal Moore, un irlandés cincuentón y canoso al que la taberna le quedaba como anillo al dedo. ¿Qué puedo decir? El mundo se ve todavía mejor con una pinta de Guiness en las entrañas.<br />No encontramos el callejón de marras, pero la ciudad, que a eso de las nueve de la noche se me antojaba como una enorme y tranquila bestia que se desperezaba con torpeza y se preparaba para la noche, todavía iba a hacerme un regalo más. Encontré una taberna especializada en tapas y cervezas belgas. Adoro la cerveza de abadía belga y para mi aquello fue como encontrar el paraíso en la tierra. Para colmo, el sitio en cuestión tenía un cartel en el que podía leerse que estaba permitida la entrada a los perros y que servían tapas especiales para ellos. Si hay algo que me guste más que una cerveza de abadía son los perros. Desgraciadamente, el lugar estaba cerrado ese día y me quedé mirando la puerta con cara de tonto, sopesando la idea de tirarla abajo a cabezazos y vaciar así las existencias de Te Deum roja. Mientras, imaginaba jarras y jarras de espumante cerveza tostada corriendo entre una multitud de clientes acompañados por sus perros. Ahhhhh!!!!<br />De vuelta al coche, el sol ya se derramaba por los edificios hasta las aceras y el asfalto.<br />Nos despedimos de Madrid con nuestro recién adquirido botín, la película de Balagueró, el Llano en llamas, que me había regalado María y un libro de Ana María Matute que yo le regalé a ella. Adoro Madrid<br /><br /><span style="font-size:85%;">El de la foto es el señor Gaiman.</span>Pedro Mazahttp://www.blogger.com/profile/13762673725626924819noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-23739528.post-1147097385297885452006-05-08T16:04:00.000+02:002006-05-08T16:20:17.113+02:00<span style="font-size:180%;color:#ff0000;">Perdona, me estás devorando una pierna.</span><br /><br /><br /><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/1600/devotion.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 199px; CURSOR: hand; HEIGHT: 232px" height="197" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2554/2453/400/devotion.jpg" width="171" border="0" /></a>Despertó en medio de la nada, como suena, con todas las letras, LA NADA.<br />No podía ver nada, claro, porque no había nada, ni palpar nada a su alrededor por eso mismo, porque le rodeaba una completa nada.<br />Bueno.<br />Nada no.<br />Algo le estaba devorando un pie. Intentó ponerle nombre a la cosa, pero no tenía forma definida y no recordaba nada que se le pareciese en lo más mínimo. Quizá un niño pequeño con tentáculos, un armiño con un sorprendente parecido con Ronald